Un día de silencio

Un día de silencio

 

©Camille Defago para Vitamina M

En Enero me fui a la India a estudiar yoga, y durante mi profesorado de 300 horas de Vinyasa Yoga, en Goa, hice un día de silencio. Fue mi primera experiencia frente a una práctica así…

¿En que consistía?

  • No hablar con absolutamente nadie

  • No hacer contacto visual

  • No leer

  • No escuchar música

  • No usar internet

En realidad lo único que podía hacer era escribir en un diario y hacer mi practica personal de yoga y/o meditación. 

Entre las sabias palabras de mi maestro Suddhir rescaté el no sentir vergüenza por no hablar, ya que observar el silencio es una actividad de auto-empoderamiento. Me recomendó plantearme un tema para este día, por ejemplo, un conflicto que me haya estado molestando y que quiera resolver. Cuestionarme “¿Qué es lo que amo en esta vida?” o ¿Qué es lo que me hace feliz?, practicar mindfulness, observar cómo me siento a lo largo del día con mi cuerpo, con mis emociones, con mis sentimientos y ver cómo varía mi humor cuando todo lo que normalmente tengo a mi disposición se ve restringido. Esta práctica consistía en estar conmigo misma, sin distracciones, para tener la oportunidad de descubrir mi amor propio

A continuación les voy a contar mi experiencia, extrayendo oraciones que escribí en mi diario a lo largo de ese día.

 “Me levanté descansada, dormí bien. Había apagado mi celular desde la noche anterior y lo había guardado en un cajón. Fue raro y diferente levantarme sin  ver la hora en mi teléfono, sin ver mis mensajes y sin meterme a las redes sociales. Al empezar mi primera práctica de meditación guiada por mi maestro Suddhir a las 6:00 am empecé a sentir angustia, como una especie de claustrofobia de solo pensar que no podía hablar si me provocaba. Yo creo que no era por no hablar, sino primordialmente por la prohibición. Cuando mi maestro empezó a hablarle al grupo en la meditación sentí satisfacción al escuchar una voz ajena; estuve presente, y aunque por momentos mi mente se iba…, regresaba, siempre regresaba. Suddhir me pidió que piense en mi vida desde la infancia, que me acuerde de momentos y de personas que me cuidaron para expresarles mi gratitud. En este momento tuve una película mental de todas las personas que han estado conmigo a lo largo de mi vida amándome, cuidado de mí y dándome soporte. Fue aquí cuando empecé a conectarme con emociones muy profundas…, cuando me permití llorar. De chica era muy llorona, y hasta cuando era adolescente lo fui, pero desde hace unos años me cuesta llorar, lo cual a veces me genera impotencia.

Después de mi práctica de meditación y asanas tomé desayuno con todos mis compañeros en el comedor, todos estábamos completamente callados, solo se escuchaban platos, sillas y tenedores. Aquí entendí a lo que Suddhir se refería cuando hablaba de la vergüenza que se puede sentir al no hablar…, era incómodo. Me empecé dar cuenta que al tener conversaciones todo el tiempo se alimenta a la mente a tener un mayor tránsito de pensamientos… En vez de ver los colores de la comida y sentir los sabores estamos enfocados en conversaciones y en estímulos distractores. Es verdad que pueden haber conversaciones muy ricas, valiosas y de mucha calidad, pero siempre nos llevan a recuerdos, experiencias e información que recolectamos del pasado o futuro, desviándonos del presente. No sentía necesidad ni ganas de hablar y menos de agarrar mi celular…, estaba observando todo lo externo con más claridad y detalle.

Al terminar de desayunar escribí en mi diario, me fui a la playa y me metí al mar…, fue increíble. Sentí todo de manera muy vívida: su temperatura, las olas, sus colores, mis pies en la arena conscientes de la textura. Luego caminé con un grupo de gente a un bosque de piedras al frente del mar. Era hermoso, el sol estaba enorme, el mar…, la vista era increíble y habían cuatro perros acompañándonos, sentí como todo se me removió, el estómago…, me vino una ola de emociones y me puse a llorar. El llanto llegó después de una sonrisa mirando el mar y su grandiosidad, me sentí demasiado agradecida de poder estar ahí experimentando esto. Tuve la sensación de “todos somos uno” sobre la inteligencia universal y sus maravillas.

En la última meditación del día con Suddhir recopilé todos los momentos de mi día y me di cuenta de la claridad y detalles que tengo de cada momento: qué vi, cómo me sentí, qué pensé. El día fue como un sueño, muy vívido, lento, y me sentí muy presente a lo largo de este.”

 

“Una flor en el bosque aflora porque está en su naturaleza hacerlo, no lo hace para el resto” – Suddhir Rishi

 

Esta es una de las frases que mi maestro nos enseñó, nuestra naturaleza es brillar por nosotros mismos, no por los demás. Siempre queremos estar con nuestro mejor amigo o pareja, pero en realidad uno mismo debería de ser su propio mejor amigo, aprender a disfrutar de estar con uno primero antes de estar con otra persona. También noté las emociones que mi mente estuvo creando a lo largo del día porque no tuve la oportunidad de expresarme verbalmente, probablemente en un día normal me dejo llevar por estas sin observarlas ni identificarlas como lo hice en esta ocasión. Al identificar las emociones que se me presentan logro resolverlas para soltarlas…, depende de nosotros participar en cada emoción.

 
“La frustración, la tristeza y el estrés siempre nos piden que participemos y siempre participamos. Solo por ahora, no participes”
– Suddir Rishi

 

Pude darme cuenta de que me gusta estar conmigo, me gusta cómo veo la vida, me gusta la sensibilidad que tengo para apreciar y la conexión que siento con la naturaleza

Pensé en mis relaciones más cercanas y cómo siempre van haber estímulos externos que me pueden generar malestar, pero depende de mí involucrarme, o no, con ese malestar. Es impresionante lo dependiente que somos del internet, cada vez hay más desconexión con nosotros mismos y con nuestro mundo interno porque nos da miedo conectarnos y sentir realmente. Hay que eliminar ese miedo, hay que conectarnos con todo lo rico que tenemos dentro de nosotros. Conócete, vuélvete tu propio mejor amigo, llora, ríete y ámate. Aprecia tus cualidades y observa tus fallas, enfréntalas, mejóralas y trabájalas. Aprende a disfrutar de las pequeñas cosas que te da la vida, de los colores, los olores, las vistas y los sonidos.

Observa, acepta, suelta y evoluciona, pero sobre todo: disfruta del proceso.

Si se te presenta la oportunidad de hacer esta práctica, aunque sea por un día, no tengas miedo, vas a ver la vida -y a ti misma- como nunca antes: de manera muy introspectiva y profunda…, es terapéutico y liberador. 

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