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Sexo: ¿placer o dolor?

Sexo: ¿placer o dolor?

Raquel Rottmann

¿Sabías que el sexo doloroso es muy común? Esta condición se llama dispareunia. Lamentablemente, debido a la naturaleza tabú del tema, la mayoría de las mujeres que experimentan dolor sienten que son las únicas y no hablan de ello. La vergüenza es un sentimiento muy aislante, especialmente cuando te preguntas “¿qué está mal con mi vagina?”.

¿Me creerías si te digo que hasta un 20% de mujeres en edad reproductiva experimentan algún nivel de dolor o incomodidad durante el sexo? El sexo doloroso puede estar presente en sus vidas desde la adolescencia hasta la menopausia y con diversos factores que influyen en el dolor.

El placer de las mujeres a menudo se ignora -tanto en público como en el dormitorio- y lo mismo ocurre con el dolor. Cuando una mujer se queja de un malestar físico, a menudo se plantea como un “problema” o “misterio” más que como una preocupación, razón por la cual muchas mujeres no lo comunican y hasta lo ocultan.

“Sólo relájate” es algo que se dice con demasiada frecuencia en estos casos. Históricamente, las mujeres han estado en silencio cuando de dolor se trata. Se asume erróneamente que nuestras emociones u hormonas son las culpables, rechazando la posibilidad de que un problema físico pueda esconderse detrás.

Causas, síntomas y tratamiento

Los factores físicos podrían incluir una lesión deportiva, un traumatismo en el parto, sequedad del tejido vaginal relacionado con la menopausia, entre otros. Hay varias causas desencadenantes del dolor que pueden originarse en los músculos pélvicos, los abdominales, los nervios, el suministro de sangre, la vejiga, el intestino, el útero y las hormonas. Además, también existen factores nutricionales y emocionales.

Algunos casos se originan por cómo las mujeres se sienten con respecto al sexo, cómo se relacionan con su pareja o cómo han procesado los temores sobre el sexo doloroso en alguna oportunidad en el pasado. Puede ser difícil saber si los factores emocionales están asociados con la dispareunia.

El dolor inicial puede provocar miedo al dolor recurrente, lo que dificulta la relajación, resultando en un círculo viciosos en el que es difícil reconocer si el dolor fue primero o la ansiedad. Muchas mujeres evitan las relaciones sexuales para evitar el dolor y el estrés. En estas circunstancias es ideal consultar con un psicólogo o terapeuta sexual y un médico ginecólogo.

Hay muchas afecciones médicas que también pueden hacer que una mujer experimente dolor al tener relaciones sexuales. Por ejemplo, la vulvodinia, el vaginismo, la enfermedad inflamatoria pélvica, la endometriosis o una infección vaginal. Con estas afecciones, una mujer puede experimentar dolor con la simple penetración de objetos pequeños (tampones, copas menstruales, juguetes o dilatadores), dolor profundo durante el empuje, dolor ardiente o dolor punzante horas después de la relación sexual.

Modificando hábitos sexuales

El dolor sexual es manejable y hasta puede desaparecer por completo una vez diagnosticado, y con el tratamiento y la terapia correctas. Nuevamente: consultar con un ginecólogo, y de preferencia recurrir a una terapia sexual, es lo ideal, pero aun así es posible que tú y tu pareja puedan minimizar el dolor con algunos cambios en su rutina.

  • Cambiar posiciones: si tienes dolor agudo durante la penetración, intenta diferentes posiciones (como estar encima). En esta posición es posible que puedas regular la penetración a una profundidad que te resulte agradable.
  • Comunicación y más comunicación: habla con tu pareja sobre lo que se siente bien y lo que no se siente bien para ti. Si necesitas que tu pareja vaya despacio, comunícaselo.
  • No te apresures: un juego previo más prolongado puede ayudar a estimular tu lubricación natural y retrasar la penetración hasta que te sientas completamente excitada.
  • Usa lubricantes: un lubricante personal puede hacer que el sexo sea mucho más cómodo. ¡Prueba diferentes marcas y tipos hasta que encuentres uno que te guste!
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