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Rigoberta Menchú

Rigoberta Menchú

 

El 2017 se cumplieron 25 años desde que la indígena maya guatemalteca, Rigoberta Menchú, recibiera el Premio Nobel de la Paz; y el 2018 serán 20 años desde que ganó – junto a varias mujeres activistas en favor de los Derechos Humanos y de la Mujer – el Premio Principe de Asturias. Rigoberta Menchú ha puesto en primera plana la lucha indígena guatemalteca y defendió durante toda su vida los Derechos de la Mujer. Sin embargo, ella y sus seres queridos pagaron un alto precio por atreverse a levantar la voz contra un ejercito de opresión y represión contra el campesino. En este combate su padre, madre y hermano fueron capturados, torturados y asesinados; y ella fue exiliada en múltiples ocasiones.

En distintos países latinoamericanos se ha visto este tipo de represión y de intolerancia ejercida en contra de personas por causa de su raza. Muchos son lo casos donde mujeres indígenas fueron abusadas, aprovechando su bajo nivel económico y de educación – como las más de 300 mil esterilizaciones forzadas en Perú, o las violaciones de mujeres campesinas en Colombia por las FARC-. La discriminación es una situación normalizada, y Menchú lo descubrió desde muy pequeña. Fue aquella discriminación que existía hacía los indígenas mayas en su país que la llevó a incursionarse en la vida política – integró el COC[1], el Frente Radical Popular 31 de enero, y la RUOG[2] – con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los indígenas, buscando igualdad y protección para el medio ambiente.

Rigoberta Menchú representa la vida que llevan muchas mujeres indígenas o campesinas, convirtiéndose en víctimas de intolerancia, racismo y abuso. Lamentablemente, en la época en la que la familia Menchú y los indígenas guatemaltecos luchaban por sus derechos, la guerrilla en el país ejercía una fuerte oposición. El ejército y el gobierno de aquel entonces justificaban todos los actos represivos con la excusa de que eran focos guerrilleros y muchos indígenas fueron tomados presos y torturados. Por esta razón Menchú, se vio forzada a huir a México y desde allí continuar su trabajo; a pesar de ser difícil y vivir en el exterior, alzó la voz en nombre de todo el campesinado y de las mujeres indígenas logrando hacer conocer la realidad oscura de opresión de su país.

Debido a su empeño y a su labor al educar a su pueblo en la resistencia contra la violación de los Derechos Humanos, Rigoberta Menchú fue merecedora de varios premios y reconocimientos internacionales como los mencionados anteriormente. Como embajadora de la UNESCO dedicó su vida a luchar contra el racismo y buscar mejorar la situación de la mujer indígena en Hispanoamérica. Son mujeres como ellas, las que han renunciado a todo por un bien común, las que deben ser valoradas en nuestra sociedad como agentes de cambio positivo. Ellas son las que nos demuestran que la mujer es capaz de liderar cambios importantes para la humanidad, rompiendo los estereotipos y las opiniones sesgadas. Son ellas las que en muchos casos, en distintas épocas, han iniciado la lucha por los derechos civiles, dando paso a otros grupos sociales a que hagan lo mismo.

Esta es la razón por la cual Rigoberta Menchú ha logrado superar vencer con mucha determinación las dificultades y horrores a los que fueron sometidos. A pesar de haber llevado una vida tan excepcionalmente dura y cruel, ella supo sobreponerse y alzar su voz, permitiendo que el mundo escuche su historia. Yo me pregunto, ¿cuántos de nosotros seríamos capaces de luchar de esta forma en una sociedad que infunde terror, utilizando violencia y tortura? ¿Cuántos de nosotros somos capaces de mirar hacia adelante y lograr nuestro objetivo con semejante determinación y coraje? Creo que es tiempo de conocer estas historias para poder vencer nuestros miedos y trabajar por un mundo más humano y más justo. Cada uno puede hacerlo en su medio, pues de no hacerlo somos culpables también de los males de nuestra época.

[1] Comité de Unión Campesina de Guatemala

[2] La Unión Representativa de la Oposición Guatemalteca

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