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Redes sociales y censura

Redes sociales y censura

Fiona Ruiz-Morgan

 

El tema de la censura en las redes sociales aumenta cada vez más a medida que hechos políticos y sociales controversiales se producen. El poder intrínseco que gozan redes sociales como Facebook, Twitter, o Instagram es conocido: a través de estas se pueden transmitir noticias reales o ficticias, iniciar luchas políticas, generar tendencias e incluso crear movimientos que aboguen por los derechos humanos, como sucedió con “#MeToo” o “#freethenipple”. Estos dos últimos, por ejemplo, abogan para poner fin al acoso y abuso femenino, y para que hombres y mujeres tengan el derecho de desnudar sus cuerpos, sin ser discriminados por su género. Asimismo, pudimos ver como durante la llamada “Primavera Árabe”, las redes sociales fueron el principal medio para denunciar a los gobiernos y organizar protestas.

En la última década, hemos visto como se puede influenciar, motivar, y educar a través de posts, videos, o fotos transmitidos por diferentes redes sociales. Hoy en día, los usuarios pueden postear desde opiniones políticas hasta momentos íntimos, para que amigos y/o desconocidos los vean. Las redes sociales han hecho pública nuestra intimidad y al hacerlo han creado formas de comunicación masivas, pero personales también. Sin embargo, la capacidad de edición y de censura se le ha escapado de las manos a las empresas, a los gobiernos y a la sociedad. Ya las leyes pertinentes a la deontología no son suficientes; y el simple hecho de que exista la dark web nos demuestra cómo la posibilidad de censurar lo que se publica es relativa.

 

“La censura es un tema difícil de discutir, ya que hay una línea muy fina entre censurar con justicia o corrección y hacerlo como medio de control político, poniendo en riesgo los derechos civiles de cada ser humano.”

 

Efectivamente existe cierto control y censuras que se implementan cuando las publicaciones son extremas o se denuncian. Muchos gobiernos han planteado estas medidas para controlar posts de odio, violencia, sexo, racismo; mas no han sido exitosos en acabar con este tipo de publicaciones. ¿Cuántas veces hemos visto en las noticias que, luego de algún hecho violento, se descubre que en las redes sociales del agresor existían posts de odio? Lo cierto es que, aunque cada red social nos presente un contrato antes de acceder a ella, con reglamentos claramente delimitados, la mayoría de los usuarios ni siquiera se toman el tiempo de leerlas. ¿Quién sabe, por ejemplo, cuál es la lista de hashtags prohibidos por Instagram? ¿O cuáles son las razones por las que podrían bloquear tu cuenta?

La censura es un tema difícil de discutir, ya que hay una línea muy fina entre censurar con justicia o corrección y hacerlo como medio de control político, poniendo en riesgo los derechos civiles de cada ser humano. Un artículo de Amnesty International denuncia como en Irán mujeres fueron detenidas por publicar contenido considerado “indecente”; en Egipto, una activista de los DDHH fue tomada presa al publicar un video en Facebook donde criticaba la inacción del gobierno tras contar su experiencia de acoso sexual; y en Uganda, el gobierno decidió implementar un impuesto de 5% para aquellas personas que utilicen redes sociales [1].

 

“El problema está en que el contenido “dañino”, como posts falsos, sin fuentes que los secunden, o que promueven el odio, parecen no ser tan controlados; mientras que hashtags o posts más inofensivos son censurados.”

 

Es cierto que al momento de publicar algo podemos tomar como argumentos el derecho a la libertad de prensa y de opinión, ¿pero donde terminan esos derechos? Está bien expresarnos, pero también debemos considerar a quién llegará nuestro contenido y cuáles son las consecuencias y efectos que una publicación puede tener. En este sentido podemos aceptar que es necesario poner límites a lo que se difunde, pues esto tiene un efecto en el receptor. Si bien podemos encontrar restricciones que nos parecen absurdas, estas leyes y/o regulaciones también nos protegen como los usuarios.

El problema está en que el contenido “dañino”, como posts falsos, sin fuentes que los secunden, o que promueven el odio, parecen no ser tan controlados; mientras que hashtags o posts más inofensivos son censurados. Al final todos tenemos opiniones y creencias diferentes, y las redes sociales son la mejor forma para darlas a conocer, así que a pesar de ciertas restricciones que podamos encontrar, aún debemos utilizarlas como herramienta para promover el intercambio, y hacer que nuestras diferencias nos permitan conocer y aprender más, convirtiéndose en una causa para unirnos en vez de dividirnos.


Fuentes:

[1] https://www.amnesty.org.uk/blogs/ether/rise-social-media-censorship)

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