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Racismo: un problema que nos compete a todos

Racismo: un problema que nos compete a todos

María José Chávez

Hace unos días, en la ciudad de Minneapolis, un policía blanco presionó con su rodilla el cuello de George Floyd, hombre afroamericano, por más de 8 minutos, ocasionando su muerte. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿cómo está el racismo en el Perú?

Si bien el racismo es un problema estructural que afecta diferentes grupos étnicos, dependiendo de la realidad local y las relaciones de poder propias de ese lugar, es necesario reconocer que, históricamente, los afrodescendientes se encuentran con mayor frecuencia en el fondo de la pila.

En el marco del mes de la cultura afroperuana, conversamos con tres mujeres afroperuanas: Ana Lucía Mosquera, comunicadora, académica y activista; Juana Acevedo, periodista; y Sofía Carrillo, periodista y conductora radial, sobre esta aún vigente problemática y las oportunidades que tenemos de hacer un cambio.

Consecuencias históricas

Desafortunadamente, el racismo es parte de la construcción de nuestro país y tiene su origen desde el momento en el que nos cuentan la historia de cómo los africanos llegaron al Perú. A nuestros ancestros los arrancaron de sus tierras en condiciones inhumanas de explotación y de trata, así nos trajeron a esta parte del mundo”, refiere Sofía Carrillo.

Aún después de la Declaración de la Independencia del Perú, la población afrodescendiente continuó siendo esclavizada. Al día de hoy, a casi 1 año del bicentenario, todavía no hay acciones concretas dirigidas a esta población. Ello ha generado condiciones estructurales por las cuales la marginación se perenniza y genera inequidad.

“Según información del INEI, solo un 30% de la población afroperuana tiene seguro de salud, lo que significa que solo el 30% está empleada formalmente”.

En ese sentido, Ana Lucía Mosquera agrega que “el Perú no es un país descolonizado, es un país post colonizado. Es decir, adoptó todos los elementos que se construyeron en la colonia y los reprodujo hasta ahora”.

Según información del INEI, solo un 30% de la población afroperuana tiene seguro de salud, lo que significa que solo el 30% está empleada formalmente. Además, del 10% de la población que accede a estudios universitarios, solo el 3% culmina los estudios. El grueso de la población cuenta solamente con educación primaria. Por otro lado, hasta un 70% de los afroperuanos no busca atención médica por temor a ser discriminados.

No es gratuito que en los censos del 2017 más del 30% de personas que se autoidentificaron como afrodescendientes son pobres. Los afrodescendientes no están en una situación de empobrecimiento de manera natural, sino que hay un sistema que no permite una mejor posibilidad adquisitiva ni mejor situación socioeconómica, mejor grado académico, entre otras cosas”, menciona Sofía.

“Toda persona que ha experimentado racismo puede recordar el primer episodio racista que vivió con total claridad y con el mismo dolor”, comenta Ana Lucía.

Además de la marginación estructural que genera pobreza y poco acceso a la educación, otra consecuencia igual de grave es el trauma y dolor que genera en sus víctimas. En el estudio “Racial trauma: Theory, research, and healing: Introduction to the special issue”, los investigadores Comas-Díaz, Hall y Neville, afirman que “el trauma racial es también llamado estrés basado en la raza, un trauma vivenciado únicamente por la población racializada”.

Este trauma está constituido por todos aquellos eventos de peligro relacionados con la experiencia de discriminación racial que incluye eventos humillantes, amenazas de daños y lesiones y hasta presenciar daños a otras personas racializadas. “A nivel personal, existe un trauma racial del que no se suele hablar; toda persona que ha experimentado racismo puede recordar el primer episodio racista que vivió con total claridad y con el mismo dolor”, comenta Ana Lucía.

Naturalización del racismo y apropiación cultural

Hablar de racismo en el Perú es hablar inevitablemente de programas televisivos que permiten representaciones que discriminan a distintos grupos (como los afrodescendientes o indígenas) y generan estereotipos sociales que son replicados en horarios de amplia audiencia. Estas expresiones de racismo en forma de bromas o chistes, se toleran y hasta son aceptadas en aras de la libre expresión. Sin embargo, no hacen más que perpetuar una violencia histórica.

“Es curioso cómo nosotros sabemos que somos un país racista pero no sabemos identificar las prácticas racistas. Por ejemplo, en Estados Unidos las prácticas racistas están identificadas y la gente las rechaza. Si alguien las practica, todos saben que esa persona es racista. Pero en Perú no pasa lo mismo. Aquí la gran mayoría dice “yo no soy racista” porque no conoce qué significa serlo”, asegura Juana Acevedo.

“El cabello es algo muy importante para las mujeres afro porque ha significado que por años estemos más expuestas a situaciones de violencia, de exclusión y de acceso restringido a espacios”, indica Ana Lucía.

Esta naturalización del racismo se evidencia también en otras plataformas como las redes sociales, donde se justifican acciones como la apropiación cultural. Este fenómeno se identifica con mayor frecuencia cuando, por ejemplo, una mujer no racializada decide lucir trenzas o colocarse una peluca afro con fines meramente estéticos y lucrativos, sin tomar en cuenta el significado que tiene el cabello para una mujer afrodescendiente.

“El cabello es algo muy importante para las mujeres afro porque ha significado que por años estemos más expuestas a situaciones de violencia, de exclusión y de acceso restringido a espacios. Además, hay una conexión mística en los procesos de trenzado; el cabello es símbolo de nuestra resistencia y nuestra relación con nuestra ancestralidad”, indica Ana Lucía.

“Esto nos lleva a repensar también en el feminismo y la necesidad de que este sea siempre interseccional pues las mujeres pueden presentar distintas maneras de opresión”.

Por su parte, Sofía opina que “si una persona pública o con cierta influencia quiere hacerse trenzas porque le gusta, debe explicar en su publicación o foto la historia de ese peinado, a quién representa, qué significado tiene para nuestra cultura; en otras palabras, no invisibilizar ni presentar nuestras prácticas como suyas”.

Esto nos lleva a repensar también en el feminismo y la necesidad de que este sea siempre interseccional pues las mujeres pueden presentar distintas maneras de opresión. Es decir, en palabras de Ana Lucía, “se debe visibilizar la problemática de las mujeres que se ven atravesadas por dos tipos de violencia como mínimo. En el caso de las mujeres afroperuanas, por ejemplo, la violencia de género y la violencia racial”.

Antirracismo: reconocimiento de una deuda histórica y una lucha transversal 

La historia nos permite entender por qué cuando se produce la abolición de la esclavitud, los afrodescendientes no tuvieron la posibilidad de insertarse en el mercado laboral, pues los “patrones” seguían siendo los mismos. “Existe una deuda histórica de los Estados en el mundo con los descendientes de africanos que debería obligar a los países a plantear políticas a favor de los afrodescendientes que involucre programas, investigación, presupuesto y registro estadístico”, cuenta Sofía.

Entender e interiorizar la historia de opresión hacia la comunidad afrodescendiente es el primer paso para asumir una responsabilidad individual en la lucha contra la discriminación étnico-racial. Juana afirma que “la mejor herramienta que existe para luchar contra el racismo, el clasismo y las distintas formas de discriminación que existen en el Perú y el mundo, es la educación. Las personas que tienen acceso a información pueden ser unos grandes aliados”.

“El Perú es un país racista. Si queremos cambiar, debemos empezar por cuestionarnos nuestro propio racismo”.

La lucha antirracista es transversal, nos involucra a todos y se practica en nuestra cotidianeidad, cuestionando todo lo que vemos a nuestro alrededor y enfrentando comentarios y prácticas racistas, vengan de quien vengan. Si existe intención de aprender, podemos y debemos informarnos, preguntar si no sabemos, conocer las demandas de la población afrodescendiente, de qué carecen, cómo viven la discriminación en su día a día.

El Perú es un país racista. Si queremos cambiar, debemos empezar por cuestionarnos nuestro propio racismo. Hagámonos responsables de nuestra contribución al problema. Solo siendo capaces de leer esa situación, podremos plantear transformaciones estructurales.

Mes de la cultura afroperuana: reflexiones fundamentales para construir una nueva nación

Juana Acevedo:

Artículo racismo: Juana Acevedo

Este es un mes muy importante para nosotros porque recordamos, revalorizamos, enseñamos la importancia de que nuestra cultura sigue existiendo. Espero que muchas personas se unan a conmemorar este mes de la cultura afroperuana y que muchas más personas se identifiquen con orgullo como afroperuanos también.

Sofía Carrillo:

Artículo racismo: Sofía Carrillo

Nuestro orgullo y nuestra afirmación no es la negación de otras culturas y otras formas de vivir. El racismo afecta a la comunidad afroperuana pero no podemos invisibilizar la afectación distinta que hay en las mujeres cuando se intersecciona el racismo, sexismo, etc. Por eso, se necesita un enfoque interseccional para plantear políticas públicas.

Ana Lucía Mosquera:

El mes de la cultura afroperuana es un periodo en el que tenemos que aprender, reconocer y agradecer el aporte de esta cultura a la construcción del país. Entre tantas cosas complejas que nos atraviesan como afroperuanos, es valioso celebrar que a pesar de ello estamos vivos y que tenemos la fortaleza de cambiar el dolor en resistencia para seguir buscando que las cosas cambien.

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