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¿Qué pasa con la sociedad?

¿Qué pasa con la sociedad?

Romina Guiulfo

 

Cada vez me siento más alejada de la sociedad en la que vivo –aunque en realidad nunca me sentí totalmente parte de ella por varios temas que hoy no vamos a tocar. Pero he llegado a un punto en la vida en el que me pregunto –más seguido de lo que quisiera- ¿qué pasa con la sociedad?

¿En qué momento permitimos que el tráfico sea uno de los principales motivos de estrés en nuestras vidas junto con el trabajo? ¿En qué momento nos concentramos tanto en terminar una carrera para ser exitosos, que nos olvidamos del verdadero significado del éxito? ¿En qué momento se volvió más importante lo que pasa en Facebook o Instagram, que lo que realmente pasa en nuestras vidas? ¿En qué momento descuidamos tanto al mundo, que dimos por hecho que este va a aguantar todo lo que le damos y le quitamos?

Está claro, vivimos en una época en la que estamos más conectados a la tecnología que a los humanos, ¿pero en qué momento nos olvidamos de nuestra esencia, de nuestra humanidad, de la razón por la que estamos en este mundo?

No soy la persona más religiosa del universo y no sigo una religión en particular, pero sí creo que hay algo más grande y fuerte que nosotros, algo trascendental, y me atrevería a decir que la sociedad –y las exigencias de esta– nos han hecho olvidar todo lo que importa realmente. Nos hemos concentrado tanto en ganar plata, en ser exitosos profesionalmente, en tener el cuerpo perfecto, y hasta en fiestear, que nos hemos olvidado de hacer algo por nuestra gente, por nuestro país, por nosotros.

Nos hemos olvidado de respirar con calma para oxigenar al cuerpo y a la mente, nos hemos olvidado de alimentar el cuerpo y el alma con insumos saludables, nos hemos olvidado de descansar y apreciar el cielo porque nos pasamos demasiado tiempo mirando al piso, nos hemos olvidado de ayudar a la gente que lo necesita y de enseñar. Y hemos olvidado cómo reírnos de nosotros mismos. Criticamos la ignorancia, pero pocos hacen algo para educar a la gente; criticamos la contaminación, pero pocos son los que ayudan a limpiar sus calles y playas o los que reciclan; criticamos la polución ambiental, pero pocos son capaces de moverse en bicicleta o hacer trayectos compartidos; criticamos a los políticos que arman y desarman nuestro país, pero pocos son los que -con educación- se lanzan a trabajar en política; criticamos a los combistas y taxistas por su forma de manejar, pero muchos al final terminan manejando igual de mal porque en este país el más vivo gana; criticamos la falta de respeto, pero somos los primeros en insultar al ignorante, al que contamina, a los políticos, a los combistas y taxistas, y al que no te cae muy bien, también.

Vivimos en una sociedad acostumbrada a que le solucionen todo, creemos –y el ejemplo lo demuestra- que la plata lo mueve todo. ¿Pero se han puesto a pensar que el mundo como tal puede desaparecer mañana y nosotros, a pesar de eso, estamos más concentrados en el trabajo estresante, el tráfico insufrible, los millones que quieres ganar y lo cool que te ves en tu última foto de Instagram? ¿En donde quedó la consciencia por el prójimo, por el mundo, por tu bienestar? ¿En qué momento la superficialidad y el dinero se volvieron más importantes que la salud y la estabilidad mental y emocional?

Muchas veces bromeamos diciendo ¿en qué momento se jodió el Perú? La verdad no es solo el Perú, es el mundo. Pero nosotros andamos con el pecho erguido diciendo lo peruanos que somos, lo orgullosos que estamos de nuestra gastronomía, de nuestros paisajes, de nuestra riqueza cultural –últimamente hasta de nuestro fútbol- pero realmente, ¿tu qué estás haciendo por tu país? ¿qué estás haciendo por el mundo? Y sobre todo, ¿qué estás haciendo por ti?

 

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