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Un autoexamen necesario

Un autoexamen necesario

María José Chávez
Privilegios en cuarentena

La cuarentena ha dejado expuesta la desigualdad del país y los privilegios de los que gozamos algunos.

Pasar 15 días en casa no suena tan mal si tenemos Wi-Fi, comida, electricidad y agua caliente, pero ¿qué sucede con el grueso de los peruanos que vive de sus ingresos diarios y no goza de esos privilegios? La informalidad laboral ronda el 70% en el país y es un problema social cuya discusión pasa por hablar de un Estado que ejecute políticas y planes que fomenten la conversión de micro y pequeñas empresas a la formalidad.

Por ello, resulta frívolo y hasta violento opinar desde el cómodo sillón de nuestras salas que “esos ambulantes o mototaxistas que salen a trabajar en cuarentena no entienden que tienen que quedarse en sus casas”. Probablemente sí lo entienden, pero no pueden darse ese lujo porque, a diferencia de ti y de mí, ellos no reciben un sueldo a fin de mes.

Hablemos de los privilegios

Esta discusión hace que sea importante hablar sobre los privilegios. Pese a que es una palabra que seguramente escuchamos con frecuencia, no muchos la entienden en su real dimensión y con todas sus connotaciones. A mí no me la enseñaron en el colegio y en muchas universidades tampoco lo hacen, pero es un concepto que hoy agradezco conocer porque me permite autoexaminarme constantemente.

El privilegio es una ventaja innata o exclusiva de una persona perteneciente a un grupo predominante por su condición económica, social o política. Estas ventajas que para algunos son percibidas como cotidianas, para otros están fuera de su imaginario. Muchas de las cosas que tenemos nos hacen afortunados frente a a las situaciones que enfrentan la gran mayoría de peruanos. Esta información es, a su vez, una invitación a mirarnos al espejo: un manual para observarnos a nosotros mismos.

“Si estás leyendo esto después de darte una ducha, desde una computadora o laptop con Internet y debajo de un techo, considérate afortunado”.

Pongo como ejemplo la siguiente situación: en un almuerzo de domingo, una familia discute en qué universidad estudiará el hijo mientras sintonizan cable en la televisión. ¿Identificaron los privilegios? El simple hecho de plantear la posibilidad de acceder a educación superior y poder pagar cable en la casa, ya coloca esa familia en una posición de privilegio respecto a, por ejemplo, muchas personas que no pueden acceder ni siquiera a la educación básica.

Los servicios básicos como agua, desagüe, luz y vivienda son escasos en el país. En el caso de Lima, 1.5 millones de ciudadanos no cuentan con acceso a agua potable ni alcantarillado. Estos son abastecidos a través de camiones cisterna que les venden el recurso a un costo elevado, pagando hasta dos veces más, en comparación con aquellos que tienen conexión domiciliaria.

En Perú, entre 7 y 8 millones de personas aún no tienen agua potable. Además, cerca de 2 millones de peruanos viven sin electricidad y el 47% de casas en el país están hechas de barro, piedra y madera. Por lo tanto, si estás leyendo esto después de darte una ducha, desde una computadora o laptop con Internet y debajo de un techo, considérate afortunado.

Privilegios en cuarentena

“El privilegio de la formalidad que tienen algunas personas les permite contar con un salario mensual, derecho a un seguro de salud y una jubilación”.

Asimismo, si tenemos la tranquilidad de poder quedarnos en casa durante este aislamiento obligatorio y que nuestra economía no se vea afectada, somos también peruanos privilegiados. En América Latina mucha gente sobrevive del día a día, por lo que poner millones de personas en cuarentena representa todo un reto. Perú es el país latinoamericano que ha aplicado la cuarentena más restrictiva para detener el avance del coronavirus, cerrando las fronteras y sacando al Ejército a la calle para asegurarse de que la población esté confinada en sus casas.

En un país donde 7 de cada 10 personas no cuenta con un empleo formal, los medios de comunicación muestran todos los días cómo todavía circulan en las calles algunas personas que, si no salen a trabajar, no comen. El privilegio de la formalidad que tienen algunas personas les permite contar con un salario mensual, derecho a un seguro de salud y una jubilación. Y eso ocurre con menos del 40% de peruanos.

“Uno puede escapar de su clase social, aunque el ascensor social está cada vez más estropeado, pero generalmente no puede trascender su etnia o su género”. Ricardo Dudda

No podemos dejar de mencionar los privilegios de raza, género y clase. Por ejemplo, si tuviéramos que caracterizar al individuo con ventajas diferenciales en nuestra estructura social definitivamente tendría que ser hombre, blanco, heterosexual. En oposición, si tuviéramos que caracterizar a una persona con un alto grado de vulnerabilidad esta sería una mujer, probablemente afroperuana o indígena y lesbiana.

En palabras del periodista Ricardo Dudda, columnista del diario El País, “uno puede escapar de su clase social, aunque el ascensor social está cada vez más estropeado, pero generalmente no puede trascender su etnia o su género”. Y, aún así, si bien las mujeres somos un grupo social oprimido, una mujer blanca tendrá más y mejores oportunidades que la mujer afroperuana o indígena.

Ahora que nos encontramos en una situación de emergencia que nos ha confinado a estar en nuestras casas, aprovechemos este tiempo para reflexionar, mirarnos a nosotros mismos y agradecer por lo que tenemos. Solo sabiendo de dónde venimos y de qué privilegios gozamos, podremos ejercer más efectivamente la empatía y la solidaridad.

Cuéntanos qué piensas (1)
  • Buen artículo. Coincido en que falta empatía en la sociedad peruana. La desigualdad en el país es bastante marcada, pero en esta pandemia se ha vuelto aún más evidente, y es un tema que debe discutirse en los medios de comunicación.

    Hace algunos días salió publicada una repudiable “columna de opinión” en Perú21, donde Maki Miró Quesada insultó a una persona que trabaja en su hogar, mostrando una actitud clasista y discriminatoria. Y donde exhibió justamente falta de empatía. Es una mentalidad que, lamentablemente, comparten otras personas de las clases más privilegiadas en el país. No obstante, esa mentalidad retrógrada se ve menos en las generaciones más jóvenes. Los millennials, me parece, somos mucho más críticos con actitudes clasistas que para nuestros padres y abuelos eran normales, y buscamos corregirlos, por lo que soy optimista respecto al futuro.

    Por último, quería realizar un apunte respecto al artículo. En una parte señalas que no deben dejarse de mencionar “los privilegios de raza, género y clase”. Es un error hablar de “privilegios de raza” porque eso da a entender que existen diferentes razas; lo cual es falso, ya que la raza humana es una sola.

    Sin embargo, es cierto que un hombre blanco suele tener más privilegios que un hombre afroamericano. Una mujer blanca suele tener más privilegios que una mujer indígena. Un ciudadano homosexual de clase alta tiene más privilegios que uno de clase baja. Y así podría seguir nombrando ejemplos. Y coincido, esta es una realidad que debemos cambiar.

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