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¿Por qué disfrutamos del estrés?

¿Por qué disfrutamos del estrés?

Sandra Cauvi
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Nuestros antepasados arriesgaban su vida cazando animales -esto formaba parte de su rutina diaria para sobrevivir-, pero huir de un animal feroz se convertía rápidamente en una situación de estrés. Y aunque hoy en día no nos persiguen animales feroces, sí nos persiguen un jefe, las deudas, la pareja, y una serie de problemas que nos hacen actuar con miedo y ansiedad, generando el mismo tipo de estrés.

 

Hace unos días vi Heal, el documental que lanzó Netflix y más allá de encantarme, me ayudó a darme cuenta de muchas cosas que hago que están bien -que de hecho, suelo recomendar-, y de muchas otras que podría hacer mejor. El documental me dio insights que podría aplicar a mi vida y compartir en mi trabajo. 

Existen 3 tipos de estrés:

  • Físico: una lesión, un corte, un accidente, una caída, etc.
  • Emocional: perdidas familiares, problemas, deudas, etc.
  • Químico: virus, bacteria, metales pesados, etc.

Estos 3 tipos de estrés causan en nuestro cuerpo inflamación, y cualquiera de estos es un factor presente en todas las enfermedades. Pero cada vez hay más estudios que indican que el estrés emocional –el único que de cierta forma podemos controlar-  es la causa de más enfermedades de las que creerías. Sobre todo de las crónicas no transmisibles de larga duración (no me gusta creer que duran toda la vida) y que no se contagian.

Un claro ejemplo es la gastritis. Cuando una persona sufre de problemas gastrointestinales y este se lacera o daña es como si quitaran una capa de piel y quedara sin protección, con todo expuesto. Por lo tanto, las toxinas que están en el organismo ingresan con mayor facilidad al torrente sanguíneo convirtiéndose en un foco de enfermedades.

En el caso de la gastritis los medicamentos indiciados solo tratan el síntoma, pero no la causa. El principal problema aquí es que al no curarse de raíz las enfermedades progresan, por ello este tipo de condiciones generadas por estrés emocional deben tratarse con sumo cuidado. Deben mejorar y cambiar hábitos, y afrontar ciertas situaciones: el proceso y la causa son 100% personales.

Hace más de 2 años hago asesorías nutricionales en empresas y he podido observar que la gran mayoría de personas evaluadas tienen, o han tenido, gastritis, estreñimiento y/o colón irritable. Las 3 condiciones causadas por estrés, angustia, preocupaciones, mala calidad de sueño, entre otros. Definitivamente el ambiente laboral debe tener una cultura saludable en la que los empleados se sientan a gusto.

 

Regeneración y curación

El cuerpo tiene la capacidad de regenerarse y “curarse”. De hecho, frente a heridas chicas el cuerpo logra cerrar la herida, atacar posibles bacterias si cuenta con un sistema inmune fuerte, cicatrizar la piel que se ha roto e, incluso en ciertos casos, desparecer la cicatriz.

Además, el cuerpo tiene un increíble sistema: el parasimpático. Este se encarga de todas las funciones corporales que no controlamos y que suceden por si solas: la respiración, la circulación de la sangre, los movimientos del corazón, la digestión y el funcionamiento del sistema de excreción, entre otros.

Si el cuerpo tiene mecanismos de defensa para “curarse”, ¿de qué depende que alguien logre curarse? De las señales que mandamos.

Si nuestra mente manda señales de miedo y negativismo, eso recibirán nuestras células. Si nuestros pensamientos son positivos y de curación, eso recibirán nuestras células. Claro que todo esto no es literal, no funciona de un día para otro, ¡y no aplica a todos los casos!

 

Efecto placebo

¿Cómo comprobar que la mente es tan inmensamente poderosa? Hay muchos estudios que muestran que cuando una persona cree firmemente que está recibiendo la medicina que lo curará, el cuerpo genera los químicos necesarios para lograr la sanación del organismo.

Al empezar a tomar medicamentos el primer pensamiento debe ser positivo, afirmando que va a ser curativo y que es lo que el cuerpo necesita, este actuará mejor que si se piensa que se trata de algo dañino. Mucha gente suele sentir o pensar que se están sometiendo a algo tóxico o malo, como en el caso de la quimioterapia, y el cuerpo suele rechazarlo.

 

Conexión mente-cuerpo:

En una parte muy interesante del documental explican lo importante que es no convertirse en víctima del diagnóstico o del tratamiento. Un diagnóstico no debe arruinarte ni derrumbarte, este no te define, somos mucho más que la enfermedad. ¿Por qué uno siempre piensa que está en ese porcentaje del grupo que no se cura? Las estadísticas no son personales, son generales. Es importante averiguar cómo actúan los medicamentos en el cuerpo y entender el diagnóstico para entender el “porqué” de dicho tratamiento. Es más probable seguir un tratamiento, cumplirlo al pie de la letra y encontrarle un motivo cuando lo entiendes y eres capaz de imaginar el efecto positivo que este tiene sobre el cuerpo. Este es el famoso “why”, la adherencia al tratamiento.

Suelo ver pacientes con resistencia a la insulina, que no tienen idea qué es lo que genera en el cuerpo. ¡Es imprescindible exigirle a médicos y profesionales de la salud que expliquen a detalle cada diagnóstico y es igual de importante pedir opiniones!

Por otro lado, considero importante que las indicaciones médicas incluyan además de un tratamiento médico, uno no farmacológico: hacer ejercicio, encontrar momentos de ocio y relajación, tener vida social y en comunidad, generar cambios en la alimentación y asistir a terapias alternativas de manejo de estrés y ansiedad.

 

¿Estilo de vida o genética?

Si bien la genética tiene un rol importantísimo en la vida, esta no es la culpable de todo mal. Un ejemplo fácil: ¿un nuevo miembro en una familia con obesidad está condenada por sus genes a tener obesidad? ¿O sus probabilidades de tenerla aumentan por el ambiente en el que crece (conocido como ambiente obesogénico)? Si esa persona crece con buenos hábitos no tendría porqué, nunca en su vida, tener sobrepeso u obesidad. ¡La genética no lo es todo! Uno puede cambiar su destino y “predisposiciones” de acuerdo a cómo decida vivir, evitando que genes “malos” se expresen.

Como lo mencionó Kiana de Azambuja en su artículo “La cura para la enfermedad”, hay  9 factores claves para percibir una mejora en enfermedades terminales explicados por la Dra. Kelly Turner, autora del NY Times bestseller Radical Remission: Surviving Cancer Against All Odds:

  • cambiar radicalmente tu dieta
  • tomar control de tu salud
  • seguir tu intuición
  • usar hierbas y suplementos
  • soltar emociones reprimidas
  • incrementar emociones positivas
  • contar con un soporte social fuerte
  • profundizar en tu conexión espiritual
  • tener un motivo fuerte para vivir (este es el “why” que mencioné anteriormente)

Esto no quiere decir que la cura a todo ha sido descubierta. No quiero dejar de ser empática con todas las personas (incluyéndome) que han perdido a seres muy queridos que lucharon por vencer una enfermedad. Esto no significa que todas estas personas fueron negativas o no encontraron un motivo para vivir; esto lo único que significa es que hay casos donde la mente puede ser un factor de curación importante.

 

El verdadero poder de la mente

Pueden haber muchos en contra, muchos que creen que la medicina es la solución a todo y la mente no tiene un poder curativo. La pregunta es: ¿Por qué no? ¿Por qué no fomentar el autoconocimiento, el perdón, las relaciones saludables, la liberación de emociones, la cultura laboral saludable, la aceptación y el soporte social en todo sentido? ¿Por qué no fomentar positivismo y afrontar cada situación, por más difícil que sea, con esperanza y fortaleza? A los que no creen en el poder curativo de la mente: nada malo puede venir de ser positivo.

No sé meditar, me encantaría aprender y será en definitiva uno de mis objetivos este año. Pero algo que sí hago es encontrar momentos de ocio y recreativos en mi día a día como practicar un deporte, jugar con mis perros, leer un libro, conversar con amigos y familiares…

No dejemos que el “estoy full”, “ando con demasiado trabajo”, “no tengo tiempo para nada” estén de moda. Encontremos la felicidad en estar ocupados, sí, pero no pretendamos que no tener un respiro sea sinónimo de felicidad o éxito.

No juzguen a la gente que sabe relajarse, ¡ojalá todos en el mundo tuvieran la capacidad de hacerlo!

 

La meditación y la felicidad

Recuerda que es importante priorizar por sobre todas las cosas la calidad y horas de sueño. Aunque trato de hacerlo –y aún hoy no lo logro- es algo que tengo muy presente. Es verdad que es difícil descansar cuando tienes pendientes y estás atrasado, pero estos momentos de relajo son necesarios para el cuerpo y la mente.

Meditar es como purificar la mente. No se trata de poner la mente en blanco. Es una práctica que conlleva tiempo y paciencia, no es válido renunciar tan rápido sin darle una verdadera oportunidad: todo aprendizaje toma su tiempo y al comienzo es pesado, pero luego le agarras el gusto.

 

La mente piensa involuntariamente al igual que el corazón late de forma involuntaria. Querer que el cerebro deje de pensar es como querer que tu corazón se detenga – Emily Fletcher

 

Meditar disminuye la hormona del estrés- el cortisol, promueve la producción de células NK (natural killer) capaces de combatir y matar agentes patógenos, también promueve la producción de IgA (inmunoglobulina A), anticuerpo presente en mucosas como lágrimas, saliva, leche materna…

Cuando creas que no tienes tiempo para meditar, debes dedicarle el doble de tiempo. Cuando no tienes tiempo para dormir, es cuando más lo necesitas. Y cuando crees que no hay tiempo para hacer ejercicio es el momento perfecto para organizarte y encontrar el tiempo. El tiempo está ahí, depende de ti cómo lo utilices y para qué.

No sufras del síndrome “Seré feliz cuando…”, no postergues tu felicidad. “Haré ejercicio cuando cambie el clima” (típico), “viajaré cuando deje de trabajar”, “dormiré cuando deje de estudiar”. Sé feliz hoy. Cambia tu estilo de vida hoy. Decide tener un estilo de vida saludable y una conexión mente-cuerpo equilibrada hoy. No esperes una enfermedad para cambiar tu vida o para encontrar tu “porqué” (“why”) y no disfrutes del estrés.

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