¿Por qué deberías viajar sola al menos una vez en la vida?

¿Por qué deberías viajar sola al menos una vez en la vida?

Viajar en solitario no es para todas las personas. Algunas disfrutan estar acompañadas todo el tiempo y eso no está mal… No tenemos que ser iguales, pero sí creo que nadie debería dejar un viaje de lado por no tener compañía. Esta es mi historia embarcando sola.

La primera vez que viajé sola tenía diez años. Mis mejores amigas de la infancia habían regresado a Arequipa, su ciudad natal, y me invitaron a conocer su casa. Recuerdo que una señorita de la aerolínea me acompañó hasta el avión y solo estuve sola el tiempo que duró el vuelo.

En el aeropuerto Rodríguez Ballón, mis amigas me abrazaron y recibieron. Fui feliz hasta que me dio ‘mamitis’ y mi mamá tuvo que viajar hasta Arequipa para recogerme. Mi primera experiencia viajando sola fue terrible. Mis tíos políticos todavía recuerdan ese suceso (especialmente la parte en la que dormí en medio de los dos porque extrañaba a mi mamá). Felizmente, ellos se ríen.

El segundo viaje en solitario que realicé parecía ser el vencedor. Eran finales de 2012 cuando me embarqué en esa aventura que varios conocen como “Work and Travel”, una experiencia que realmente debería llamarse “Work and drink”. Lo que parecía la oportunidad perfecta para crecer como persona a mis veintes, vivir lejos de casa por tres meses y convertirme en un ser autosuficiente económicamente, se convirtió en una temporada de “Gran Hermano”.

Cuando llegué a Windham, un pueblo de Nueva York ubicado a casi tres horas de Manhattan, no solo me esperaba la dueña de la casa, sino también veinte roomates (jóvenes de Argentina, Chile y Perú). Sí, viví con veinte personas por tres meses. En definitiva, nunca estuve sola: mi amiga Melissa y yo compartimos la cama matrimonial de una habitación hasta que regresamos a Lima.

El encuentro sorpresa

En 2016, viajé al Festival Gabriel García Márquez en Medellín. Postulé a un taller de crítica cultural, ingresé y compré un pasaje sin esperar acompañante. Mi enamorado me llevó al aeropuerto y en Colombia solo me esperaba una reserva en un hotel céntrico. Días antes del viaje, una amiga me contó que también estaba yendo al evento, así que decidimos hospedarnos juntas. Eso sí: durante los días que duró el encuentro periodístico, cada una dispuso de su agenda como quiso.

No voy a olvidar la primera vez que recorrí la ciudad: me moría de miedo de caminar sola. Esa clase de miedo que, estoy segura, varias mujeres sienten cuando están en un taxi en la madrugada. Sin embargo, no me dejé invadir por ese sentimiento. Me subí a un taxi y le pedí al conductor que me dejara en una calle comercial de la ciudad. Así llegué a la Vía Primavera.

Creo que nadie me hubiera podido aguantar recorriendo esa calle. Entré a todas las tiendas de diseñadores independientes, decoración, arte y gastronomía que veía a mi paso. Al final, cuando mis pies y mi tarjeta de crédito ya no daban para más, entré a una librería que tenía un pequeño jardín en la puerta. Al poco rato, la vi entre los pasillos: Piedad Bonet.

Lo siguiente que recuerdo es que Piedad y yo empezamos a hablar de su libro, “Lo que no tiene nombre”, y que firmó una edición que compré. Después salimos de la librería y empezamos a caminar juntas por la misma vía que me llevó hacia ella. Pasaron treinta minutos y la perdí. Me dejé llevar por la tienda Agua Bendita. Nunca olvidaré las palabras de mi enamorado: ¿En serio dejaste ir a una escritora que admiras para comprarte un bikini? Sí, y eso fue lo más genial. En ese viaje no tenía por qué seguir a nadie.

Estoy segura de que viajar sola no es para todas las personas. Algunas disfrutan estar acompañadas todo el tiempo y eso no está mal… No tenemos que ser iguales, pero sí creo que nadie debería dejar un viaje de lado por no tener compañía. He escuchado cientos de veces la frase “no tengo con quién ir” saliendo de la boca de mis amigos.

Y la verdad es que la soledad no debería paralizar a nadie. La vida es realmente corta: si quieres hacer ese viaje y no tienes pareja, familiares o amigos que se unan a ti, no lo dudes. ¡Compra ese pasaje ya! Una gran sorpresa podría estar esperándote.

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