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No, no necesitas ser flexible para hacer yoga

No, no necesitas ser flexible para hacer yoga

Kiana de Azambuja
Yoga flexibilidad

Existen infinitos estereotipos acerca del yoga y de las personas que lo practican. He escuchado comentarios como “me gustaría hacer yoga, pero no soy flexible”, “me gustaría hacer yoga, pero no tengo fuerza”, hasta “me gustaría hacer yoga, pero no puedo quedarme quieto… No tengo una personalidad zen”.

Excusas como estas hay muchas, cuando en realidad debería ser al revés. Si no eres flexible y tus manos no llegan a tocar la punta de tus pies: deberías hacer yoga.

Vivimos en un momento en el cual es normal pasar horas sentado en un escritorio con los hombros hacia adelante (y con la columna chueca y jorobada). Además de todo el estrés personal, social y laboral que acumulamos en nuestras caderas durante todo el día.

“Estamos tan ocupados con cientos de estímulos externos que nos hemos desconectado de nuestro propio cuerpo”.

Observa a los bebes y mira cómo son capaces de chuparse los dedos de los pies. Y es que todos nacemos con una flexibilidad innata, pero nos alejamos de esta naturaleza por nuestros hábitos y por el hecho de que nuestro cuerpo físico poco a poco va perdiendo su elasticidad natural. Sí, estamos tan ocupados con cientos de estímulos externos que nos hemos desconectado de nuestro propio cuerpo.

Tipos de yoga

Existen muchos tipos de yoga, unos que demandan más exigencia física que otros. Por ejemplo, existe el “Yin Yoga”, en donde las posturas requieren más tiempo y se le da paso a los sentimientos y pensamientos practicando el desapego o, en otras palabras, intentando no involucrarte con estos. Por otro lado, hay prácticas más dinámicas como el “Vinyasa Yoga”, donde una asana lleva a la otra y se convierte en una meditación en movimiento.

Al comienzo probablemente va ser un desafío hacer un ‘chaturanga’ (plancha hacia abajo) y te va costar mucho, pero en esta práctica vas a ganar fuerza, del tipo que nace desde adentro e irradia hacia fuera. Lo más retador de todo es darte una pausa, especialmente si eres una persona a la que le cuesta mucho quedarse quieto y desconectarse del mundo externo.

Estamos muy conectados a las redes sociales y actualizados de todo lo que pasa alrededor: dejar el celular de lado y poner stop va a alejarte del estrés y la ansiedad, y te va brindar un momento para conocerte. Muchas personas tienen la intención de empezar una práctica de yoga, pero lo evitan por miedo a no llegar a esa idea ficticia que uno mismo crea (como hacer una postura muy difícil o quedarse mil horas meditando).

¿Por qué elegir el yoga?

Yo no nací con mucha flexibilidad y no fui gimnasta de chica, por ende no se me hizo nada fácil iniciarme en el yoga. No podía ni tocar los dedos de mis pies, tampoco podía cargar mi propio peso, ni mucho menos quedarme sentada con los ojos cerrados.

Al comienzo pensaba en mi mala suerte al no ser genéticamente flexible, pero ahora lo agradezco. La experiencia de ver el cuerpo transformarse debido a la constancia, práctica y perseverancia es insuperable. Hace unos días logré hacer una ‘hanumanasana’, algo que para mí era irreal y casi imposible.

Lo hermoso de este camino es el proceso: ver la progresión que tienes con la práctica y cómo vas evolucionando con el tiempo. Hay una frase muy famosa que dice: “Practice and all is coming” escrita por Sri K. Pattabhi Jois. Esta frase es la que me ha acompañado tantos años y me seguirá acompañando siempre. Todo llega con la práctica en el momento indicado. Lo más lindo es que siempre hay algo nuevo por aprender o profundizar. ¡Este camino es infinito!

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