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Mujeres corruptas

Mujeres corruptas

Patricia Gamarra

 

En las últimas semanas hemos oído decenas de audios y hemos visto caer a jueces, fiscales, empresarios y ministros. También se mencionan y se involucran en el escándalo, con diferentes grados de responsabilidad, congresistas, líderes políticos, deportistas y periodistas. Aunque hay mucho más por venir en esta serie digna de algunas temporadas en Netflix, ya destaca el gran número de actores masculinos y la poca presencia de mujeres, muchas de las cuales aparecen como personajes secundarios (“la esposa de”). ¿Es acaso solo un reflejo de la injusta proporción de mujeres en cargos de poder? Quisiera que así fuera, porque creo y defiendo que no hay diferencias de género en aspectos como la corrupción. La ciencia, sin embargo, parece apuntar hacia el otro lado.

Numerosos estudios encuentran que las mujeres son más dignas de confianza: toleran menos las prácticas corruptas como los sobornos y una mayor presencia femenina en puestos de poder se asocia a menor corrupción. Una explicación es la diferencia en comportamientos de cooperación. Son muchos los estudios que encuentran que los hombres tienen, más allá del lugar y contexto, comportamientos más individualistas, mientras el género femenino muestra conductas de colaboración, estando menos dispuestas a sacrificar el bien común por una ganancia personal. En este sentido, la corrupción que hemos visto demuestra un actuar en el que importa poco las consecuencias para el resto, mientras el beneficio sea para uno mismo.

 

“En resumen, los sistemas corruptos ponen mayores trabas a las mujeres y aquellos sistemas con mujeres en el poder, suelen presentar menores índices de corrupción.”

 

Es claro que esto no significa que todos los hombres sean corruptos y que las mujeres sean unas santas, pero sí hay una mayor predisposición en unos que en otros. Si esto es cierto, y todo señala que así es, los puestos de poder en el gobierno, donde el objetivo primordial debería ser el bien común, deberían tener la mayor representación femenina posible (al menos equidad), pero aquí viene la parte complicada: el sistema que es, evidentemente, corrupto, tiene formas para acceder a los que también lo son (asciende el hermanito del juez o quien esté dispuesto a pagar 10 verdecitos) y siendo las mujeres menos corruptas, es menos probable que accedan a altos cargos. Transparencia Internacional señala que, en efecto, las mujeres están en desventaja en sistemas de este tipo.

En resumen, los sistemas corruptos ponen mayores trabas a las mujeres y aquellos sistemas con mujeres en el poder, suelen presentar menores índices de corrupción. ¿La solución? Ya dio el primer paso el presidente Vizcarra al mencionar el enfoque de género, pero para lograr la equidad real en estos niveles y, a su vez, reducir los índices de corrupción, no basta con seguir dando pequeños pasos. Es necesario establecer cuotas de manera progresiva. Este es el mejor ejemplo de que no se trata solo de nosotras, sino de construir una sociedad mejor y más justa para todos.


Fuentes:

Policy Research Report On Gender And Development

Transparency International “Gender and Corruption: are women less corrupt?”

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