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Mi historia con la copa menstrual

Mi historia con la copa menstrual

María José Chávez

Si bien hay testimonios muy buenos acerca de este pequeño recipiente que recoge el flujo menstrual durante el período, más conocido como copa menstrual, aquí hay una historia diferente que se volvió viral en las redes sociales.

Hace unos días me atreví a contar mi experiencia, casi de película, con la copa menstrual en mi cuenta de Twitter. El hilo se volvió viral y pronto me convertí en “la chica que dio a luz a una copita”. Más allá de lo graciosa que pueda resultar la situación, caí en cuenta de que vale la pena tener todo tipo de testimonios a la mano para evaluar si usarla o no.

Si bien yo estoy abierta a probar siempre cosas nuevas, soy consciente de que no todos los métodos son para todas. Es cuestión de probar, intentar, incluso reintentar y decidir. Mi caso no es una ley universal y lo que me pasó a mí no necesariamente te pasará a ti.

La copa menstrual es una alternativa más higiénica, natural, económica y amigable con el medio ambiente. Esto lo sabía por todas las buenas experiencias que he leído siempre. Luego de pensarlo un par de meses, decidí comprarme una. Me llegó el mismo día y me sentí como niña con juguete nuevo. Empecé a investigar más acerca de ella y vi todos los tutoriales que encontré sobre cómo ponerla, cómo sacarla, cómo limpiarla, etc. Según yo, ya estaba lista.

¿Cómo empezó todo?

Llegó el día de ponerme a prueba. Tardé unos 25 minutos en insertarla y tuve que usar un espejo para ver cómo iba la situación ahí abajo. Sin embargo, me sentía muy incómoda. Sabía que me la había puesto mal porque la sensación era extraña. Intenté sacarla para volverla a meter, pero no pude. Entonces dije: “tranquila, con el paso de las horas se acomodará”.

Me fui a dormir, desperté y me fui a entrenar. Hasta ahí todo muy bien porque ya no sentía la copa. Pensé que ya se había acomodado por arte de magia. Había leído que la ducha es el mejor lugar para sacarla, así que llegué a mi casa y fue lo primero que hice.

Estuve 30 minutos en la ducha y nada, cero, ni sus luces. A partir de ese momento el inevitable sentimiento de desesperación se apoderó de mí y empecé a preguntarme cosas sin sentido como “¿Qué pasa si la copa se me fue hasta el intestino?”. Aunque eso es biológicamente imposible, ya me veían ahí googleando hasta de qué me voy a morir.

Lo intenté un par de veces más, esta vez con ejercicios kegel que vi en YouTube para fortalecer el suelo pélvico. El gran problema era que no estaba relajada y mis músculos contraídos no ayudaban a la situación. Hasta ese momento la copa ya tenía 12 horas dentro de mí. Tomé desayuno pensando, ingenuamente, que mi cuerpo se olvidaría y se relajaría.

Pues no. Lo intenté una vez más y aunque esta vez logré ubicarla, me fue imposible sacarla. Habían pasado 4 horas desde el primer intento, la copa ya tenía casi 14 horas dentro. Entonces, decidí que era momento de acudir a un profesional. Llegué a la clínica e intenté explicar a las chicas del counter la situación.

Ellas parecían no entender de qué estaba hablando así que tuve que mostrarles una foto de la copa y me dijeron “¡¿Eso tienes adentro?!”. Así entendieron que era una urgencia y me programaron con el único ginecólogo libre de turno.

Yo siempre me he atendido con mujeres porque me siento más cómoda, pero en esta oportunidad no tenía tiempo de escoger. Así que fue mi primera vez con un ginecólogo y en la situación más insólita que me pueda imaginar. De pronto, en la sala de espera llena de gente, escucho a una enfermera gritar: “señorita de la copa atorada, pase, adelante”. No faltaron las miradas

Entré con cara de autogol al consultorio, le conté mi odisea de 4 horas intentando sacar la copa y sus palabras fueron como escuchar el coro de los ángeles: “no te preocupes, no es la primera vez que extraigo una copa menstrual. Además, los médicos estamos para ayudarlas, no para regañarlas ni juzgarlas”. En menos de un minuto ya estaba en la camilla, lista para dar a luz a una copa menstrual.

Resulta que la copa estaba muy mal puesta, error de principiante, y mis músculos estaban tan estresados que no permitían que esta baje. Entonces, llegó la hora:

  • Doctor: “¡Puja! ¡Puja!”.
  • Yo: “Doctor, ¿qué es pujar? ¡No sé pujar!”.
  • Doctor: “Como si fueras a parir”.
  • Yo: “¡¿Qué es parir?!”.

Con el rabillo del ojo veo unas pinzas enormes y automáticamente escucho “¡Respira!”. Después de 4 horas de labor de parto, ya estaba afuera. Y aunque el consultorio parecía una locación de la película Masacre en Texas, el doctor tuvo siempre palabras de calma hacia mí.

Me pidió que no me avergüence y que ahora sí me relaje para una ecografía en la que confirmaríamos que mi útero y ovarios se encuentran bien. Después de todo, la he tenido dentro más tiempo del indicado. Afortunadamente, todo se encontraba en orden y sano (¡punto para la copa!) y, además, descubrí sin querer que mi problema de ovario poliquístico ha mejorado en casi un 100%. Ya no tengo folículos ni quistes.

Ahora que lo pienso, lo que más me dolió fue la billetera. El procedimiento no está contemplado dentro del seguro, así que tuve que pagar nada más y nada menos que 170 soles. Pero como soy una persona bastante optimista, diría que ha valido la pena porque he conocido a un ginecólogo maravilloso con quien me atenderé de ahora en adelante y, de paso, descubrí que ya no tengo quistes. Estoy segura que las cosas pasan por algo, aunque tome tiempo saber por qué.

Lección aprendida

Todo esto me hizo cuestionarme la poca naturalidad con la que tocamos este tema y cómo, para algunas personas, sigue siendo un tabú. En casa, en la clínica, con las amigas, en el trabajo… Es como si todos se hubieran puesto de acuerdo en no hablar del tema en voz alta. Cuando tengo que pedir una toalla higiénica en la oficina, lo hago como si la policía me estuviera buscando, apenas susurro. Y cuando por fin tengo la toalla en mis manos, la escondo en mi pantalón y procuro que nadie la vea. El blog 28 días de El País tiene artículos muy interesantes al respecto y en uno de ellos explica:

“Sí, “tengo la regla” hay que decirlo más. Y no porque te apetezca transmitir a tu entorno cómo estás sangrando en ese momento, sino porque ¡oh, sorpresa! es algo natural, no es malo y continúa usándose como símbolo de debilidad de las mujeres”.

Y es que la menstruación ha sido vista desde siempre como algo contaminante y sucio. Ya lo veíamos en el Antiguo Testamento cuando se habla de la impureza de la mujer que tiene la regla: “Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche”.

“Quizás no es un método para todas, pero si hay la posibilidad, hay que intentarlo”.

Noemí Villaverde, antropóloga y autora de “Una antropóloga en la luna”, analiza este hecho y concluye que: “Lo que antes se veía como algo natural, defecar u orinar en la calle, por ejemplo, fue cambiando a partir del retrete y otras normas de pudor y discreción. ¿Qué los diferencia entonces de menstruar? Es únicamente de mujeres, por lo que es más fácil insertarlo en el lugar de lo sucio/salvaje/incivilizado frente a lo civilizado/normativo/objetivo de los hombres, que es como entendemos el binomio hombre/mujer en nuestra sociedad”.

Me tomo esto con humor y no descarto la idea de volverlo a intentar más adelante. Sé que a la gran mayoría de chicas les funciona muy bien y, si bien hay testimonios buenos en todo el mundo, aquí hay una experiencia diferente. Quizás no es un método para todas, pero si hay la posibilidad, hay que intentarlo. En caso les interese conocer más sobre la colocación, retirada y otros malabares de la copa menstrual, recomiendo muchísimo el artículo “La insoportable levedad de una copa de plástico” (ojalá lo hubiera leído antes).

Cuéntanos qué piensas (2)
  • Hola, me siento totalmente identificada con tu testimonio, si bien no termine en la clínica, hice lo que el ginecólogo te pidió, di a luz a mi copa menstrual , era la prima vez que lograba que entre y ahora si me da temor volver a intentarlo o me vuelva a pasar lo mismo y está vez no pueda sacarla.

  • Hola, Francesca! Gracias por compartir tu experiencia, muy similar a la mía. Quién sabe, quizás en un futuro nos vaya mejor! No lo descartemos, es cuestión de probar y decidir 🙂

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