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Malala Yousafzai

Malala Yousafzai

 

Estamos en el siglo XXI, y aún actuamos como si todos tuviéramos los mismos derechos. Día a día nos levantamos, nos vestimos, tomamos desayuno… Nos alistamos para ir al colegio, la universidad o el trabajo mientras pensamos cuanto nos costó levantarnos temprano y la flojera que teníamos en ese momento. En el camino, vemos cómo niñas y niños se suben a las movilidades escolares, como lo hicimos nosotros, dando por sentado que esto es algo que cada niño debe hacer durante los primeros años de su vida y ni siquiera ponemos en duda si todos tienen una rutina mañanera parecida. Pocas veces nos ponemos a pensar que aquello que a nosotros nos parece tan habitual, tan cotidiano, está prohibido en otras partes del mundo, o sin ir más lejos, es de difícil acceso en nuestro país.

Si bien las cifras de Perú han mejorado en los últimos años (93,4% de asistencia en educación primaria, y 83% de asistencia en educación secundaria) entre 2016-2017[1], aún quedan brechas por romper. Niñas y niños en el área urbana tienen más posibilidades que quienes se encuentran en áreas rurales; esto se refleja sobre todo en el caso de mujeres, donde la tasa de conclusión de la educación secundaria y la educación superior es notablemente inferior a la de los hombres. Estos problemas no son recientes, y vienen de la mano de un aspecto cultural que se ha repetido por generaciones, en donde familias de bajos recursos consideran prioritaria la educación de hermanos varones. Si bien estos temas tienen que ser abordados y solucionados, hay algo que no mencionamos, y es que aunque existe una disparidad en educación entre hombres y mujeres, no hay en nuestro país ni una ley que prohíba a las mujeres tener acceso a la educación.

 

“A causa de su blog Gul Makai y sus contribuciones a la BBC, en las cuales Malala promovía la educación para mujeres y contaba lo que pasaba en su país, recibió disparos en la cabeza, cuello y hombros.”

 

Para ciertas personas al otro lado del mundo acceder a la educación puede significar poner en riesgo la vida. Ese fue el caso de las niñas y mujeres en el Valle del Swat, en Pakistán. El 9 de octubre del 2012, una chica de 16 años salía de la escuela rumbo a su hogar -un año atrás los talibanes habían emitido un edicto prohibiendo a las mujeres a asistir a la escuela, y cerraron todos sus colegios: más de 150 colegios fueron atacados y destruidos para mostrar que esta orden debía ser cumplida. Malala Yousafzai, la joven paquistaní, subió a la movilidad escolar y comenzó a conversar con su amiga; a ambas les pareció extraño no ver a nadie en el camino, pero continuaron conversando. Un poco más lejos vieron a dos hombres jóvenes -que según su mejor amiga parecían universitarios- ellos detuvieron la movilidad y comenzaron a disparar. A causa de su blog Gul Makai y sus contribuciones a la BBC, en las cuales Malala promovía la educación para mujeres y contaba lo que pasaba en su país, recibió disparos en la cabeza, cuello y hombros. Fue transferida al Reino Unido para ser tratada, y a pesar de que su condición era crítica, logró recuperarse. En su siguiente cumpleaños, Yousafzai dio un discurso en las Naciones Unidas pidiendo que el mundo apoye el derecho a la educación de todas las niñas. Hablamos de una persona de nada más y nada menos que 17 años.

Malala, se convirtió en la persona más joven en obtener el Premio Nobel de la Paz (2014), pero también se convirtió en la figura de aquellos que no tienen la oportunidad de aprender y de aquellos que viven en zonas de conflicto. Su fortaleza nos recuerda cuán importante es tener el privilegio de realizar nuestras actividades diarias en tranquilidad: sin miedo, ni temor. Ella abrió los ojos al mundo sobre una triste realidad; la de vivir con miedo, inseguridad, bajo el sonido de balas y represión…Mientras las radios, televisión y la prensa escrita llenaban sus programas de noticias y páginas con la historia de Malala, yo pensaba en lo que este atentado había significado para las mujeres a las que se les impide estudiar. Finalmente éramos conscientes de la discriminación de género, finalmente éramos conscientes que la educación no es de fácil acceso para todos. Sabemos que miles de niñas y niños en el mundo se ven afectados por ideales, por políticas y decisiones que buscan tan sólo mantenerlos en la ignorancia y en la pobreza, porque detentar la información a un pueblo alimenta el poder.

Malala es una víctima, sí, pero más allá de eso es alguien valiente que decidió luchar por sus ideales, sus sueños y su futuro. Ella continúa promoviendo el derecho a la educación a través de su fundación Malala Fund, mientras balancea sus estudios en la universidad de Oxford. Es inspirador ver como una persona que aparentemente no tenía ningún poder sobre las decisiones que se tomaban en su región, decidió enfrentarse a la injusticia para luchar por sus derechos y los de otras chicas que están en las mismas circunstancias -con algo tan simple, pero tan poderoso como su opinión. Sin duda, Malala es un ejemplo de determinación para miles de niñas y jóvenes y su experiencia nos muestra que de lo malo muchas veces emerge la solución para enfrentar las dificultades.

 

 

Fuentes:

http://escale.minedu.gob.pe/indicadores

http://uis.unesco.org/en/country/pe?theme=education-and-literacy

https://www.youtube.com/watch?v=3rNhZu3ttIU

https://www.malala.org/malalas-story

http://news.bbc.co.uk/2/hi/south_asia/7834402.stm

[1] según ESCALE (Estadística de la Calidad Educativa)

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