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Los 7 peores consejos que existen: un análisis honesto

Los 7 peores consejos que existen: un análisis honesto

 

Somos humanos, somos mujeres y necesitamos consejos…, una voz ajena a la nuestra que se convierta en ese norte que le hace falta a nuestra brújula y que nos transmita paz en nuestras decisiones y pensamientos a futuro.

Pero como todo en esta vida, los consejos y consuelos pueden volverse repetitivos, clichés y salidas fáciles a los que recurrimos cada vez que alguien nos viene con un nuevo desamor, problema existencial -o simple y llanamente- un nuevo drama. Seamos honestos, ¿cuántas veces hemos dado alguno de estos consejos con la esperanza de que ayuden al otro, pero con más ganas de que nos ayuden a nosotros a acabar con conversaciones que a veces nos cansa tener?

¿Será que el divino nos regaló estos consejos para ayudarnos a sobrellevar temas que desgastan nuestra mente? ¿O será que el organismo humano ha desarrollado el perfecto mecanismo para no quedarnos jamás sin algo que decir? Acompáñame a leer esta historia de la vida real mientras hacemos mea culpa de todas las veces que hemos hecho click en el botón de automático al dar un consejo.

 

  • El tiempo cura las heridas: Está claro que entre más días, meses o años pasen la mente va olvidando y la vida sigue. Pero honestamente, si estamos pidiendo consuelo un martes por la mañana, ¿es lo correcto decirme que el tiempo pasará y que todo estará bien para el tercer martes de Abril del 2021? No estoy tan segura.

 

  • Un clavo saca a otro clavo: Más conocido como “ese otro clavo se atracará con el primero y no habrá carpintero que lo resuelva”. Puede que este sea uno de los peores consejos creados por nuestros ancestros… Si una conversación comienza con la frase “extraño a Pepito”, ¿por qué pensaríamos que meter a Panchito en la historia es la solución perfecta?

 

  • Pasará lo que tenga que pasar: Algo inevitable en el ciclo de la vida pero no del todo reconfortante. Llámalo destino o suerte, pero es bastante fácil predecir que las cosas que tienen que pasar, pasarán. Diariamente things happen, you know... La tierra gira, el sol sale, luego lo sigue la luna, los gallos cantan, nos despertamos y creo que no necesitamos tener un sexto sentido ni un tercer ojo para saber que las cosas que tienen que pasar, pasarán.

 

  • Tiempo al tiempo: Una vez más, ¿cuál es el rollo que tenemos con el tiempo? El tiempo pasa, el tiempo está ahí y no se detiene, y eso creo que todos lo tenemos bastante claro desde el día que descubrimos que las agujas del reloj se mueven. ¿Soy yo, o cuando pedimos un consejo es porque quisiéramos resolver nuestra duda/pregunta/problema en el momento, o por lo menos en la misma semana, en lugar de esperar a nuestro ya conocido amigo “el tiempo”? ¿Soy solo yo? ¿Estoy sola en esto?

 

  • No hay mal que dure 100 años: Comencemos por decir que si logro vivir 100 años me sentiré más que agradecida con la vida. Pero francamente, ¿por qué quisiera escuchar que mis problemas tienen hasta 100 años para seguir existiendo? ¿A nadie se le ocurrió la frase “no hay mal que dure más de 15 minutos”?

 

  • Ojos que no ven corazón que no siente: Si es así, espero el reporte de Vogue sobre la nueva tendencia en antifaces. Recordemos que hemos sido bendecidos con más de un sentido y que cuando dejamos de usar uno, los otros se activan con una potencia increíble. Entonces, ¿taparnos los ojos es realmente la solución o es una forma de evadir nuestras dudas de la misma manera en que los consejeros quieren evadir una tediosa conversación?

 

  • Al mal tiempo buena cara: Te rompieron el corazón, te fue mal en el trabajo, tuviste el peor mes de tu vida, pues es la hora que te pongas a sonreír. Entiendo el trasfondo de este consejo…, el mensaje subliminal que nos dice que nunca debemos bajar los brazos ni perder la esperanza –y créanme soy una fiel creyente de que a la vida hay que sonreírle, ¿pero realmente puedes pedirle a alguien que está pasando por una etapa complicada que ponga buena cara? En la vida hay un momento para todo, sino fuera así, no tendríamos un ceño que nos dé la opción a ser fruncido de vez en cuando.

 

Dicho esto, me pongo a pensar si de alguna forma u otra estos consejos se han vuelto parte de nuestra piel, parte de nuestro comportamiento. Si existe la posibilidad de que, aún siendo totalmente vagos y con poca sustancia, sean de ayuda en esos momentos en los que cualquier cosa nos haría sentir mejor. De repente están ahí por algo…, tal vez son esos soldados fieles a los que siempre recurrimos cuando las cosas se ponen complicadas. Quizás la solución es encontrar el punto medio; evaluemos realmente cuando la otra persona necesita un consejo de verdad y cuando la situación se presta para llamar a nuestros soldaditos de batalla favoritos.

 

¿Qué otros consejos agregarías a nuestra lista?

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