,

Las huelgas no sirven para nada

Las huelgas no sirven para nada

 

“Las marchas, huelgas y paros no sirven para nada. Son rojos, vagos, caviares y buenos para nada que reclaman tonterías y solo pierden el tiempo. Además, generan caos vehicular (sí, porque viajar en Lima suele ser fluido y ordenado) y perjudican al resto con sus marchitas. Al final, una marcha no cambia nada”. Este tipo de comentarios y afirmaciones las he escuchado una infinidad de veces –como todos probablemente– pero, ¿conocen realmente el impacto de las marchas, huelgas y paros en el mundo?

 

Este 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. ¿Tenemos algo que celebrar? ¡Mucho! Cuando mi abuela cumplió la mayoría de edad no podía votar por el simple hecho de ser mujer. Hoy, al menos ante la ley, tenemos los mismos derechos: no solo podemos votar, sino también ser elegidas, estudiar lo que queramos, trabajar, viajar y no depender de nadie. Pero claro, basta ver algunas cifras para saber que, en la práctica, nuestra realidad no es la misma. Por ese largo camino que aún nos queda por recorrer es que este 8 de marzo las mujeres hacemos paro. Para que calcules la importancia de participar de este paro, déjame contarte de algunas huelgas, realizadas por diferentes motivos, que cambiaron la historia.

En 1968, en la planta Ford de Londres, 187 operarias se cansaron de que su salario fuera menor al de los hombres y se declararon en huelga. La empresa tenía estipulado un pago menor para ellas porque la ley así se lo permitía. Así, las empleadas estaban etiquetadas bajo la categoría de “habilidades mínimas”, justificando esta brecha en los sueldos. 187 mujeres que trabajaban junto a 55 mil hombres escribieron este importantísimo capítulo en el camino hacia la igualdad de género y, lejos de “no servir para nada”, su huelga fue el motivo de que en 1970 se aprobara la Ley de Igualdad Salarial. Si les interesa conocer la historia completa les recomiendo la película Made in Dagenham.

Pero las mujeres no han sido las únicas víctimas en la historia de un mundo desigual. En 1963, Alabama era la ciudad de Estados Unidos que más sufría la segregación racial. Blancos y afroamericanos no podían usar los mismos baños, restaurantes o asientos del bus y esto era solo uno de los rezagos de 400 años de opresión, explotación y esclavitud en el país. Liderados por Martin Luther King, miles tomaron las calles de manera pacífica, sabiendo que la represión sería brutal. La policía respondió con violencia, utilizando perros, mangueras a presión y arrestando a cientos de hombres, mujeres y niños que solo reclamaban un trato justo. Las imágenes de lo que ocurría empezaron a dar la vuelta al mundo y ayudaron a sumar cada vez más adeptos a la causa. Eventualmente, los líderes de la ciudad aceptaron juntarse con Luther King y llegaron a un acuerdo. En unos meses las leyes de segregación tuvieron que ser abolidas. Aunque la lucha continúa, esas manifestaciones marcaron un antes y un después en la historia de Estados Unidos y el mundo.

 

“¿Cómo llegó una madre soltera al poder en un mundo dominado por hombres? Una huelga.”

 

Túnez es un país musulmán ubicado al norte de África. Los países musulmanes, como Irán, Yemen o Paquistán se caracterizan por sus grandes desigualdades. En Arabia Saudita, por ejemplo, 2018 fue el primer año en que las mujeres tuvieron permitido manejar. El matrimonio infantil y la mutilación genital siguen siendo habituales en esta parte del mundo. Entonces, ¿qué hace Túnez en esta lista? Desde 1987 el país estaba gobernado por un dictador (Zine El Abidine Ben Ali), hasta que en 2010 un joven que vendía fruta (porque no encontraba trabajo en medio de la crisis) se prendió fuego en señal de protesta cuando la policía confiscó su puesto. Un solo acto de valor rompió la barrera del miedo de todo un país y devino en una revolución que derrocó a un gobierno opresor para instaurar uno democrático. En la formación de este nuevo gobierno se empezó a debatir si los derechos de las mujeres debían o no estar incluidos, así que las mujeres volvieron a tomar las calles, marcharon, reclamaron y lograron en tiempo récord el reconocimiento y protección ante la ley.

Mi ejemplo favorito de huelgas que cambiaron la historia se encuentra en Islandia. En el ranking de igualdad de género este país es el número 1 y lo ha sido cada año desde 2009. La protagonista de esta historia es Vigdís Finnbogadóttir, aunque probablemente no te suene mucho su nombre, Vigdís nació en 1930 en Islandia y en 1980 fue la primera mujer en ser electa presidenta de manera democrática. Es decir, hace solo 50 años, ninguna mujer en el mundo había sido votada por el pueblo para gobernar un país y Vigdís, quien hoy es Embajadora de Buena Voluntad en la Unesco, lo fue por 4 períodos (16 años en total). ¿Cómo llegó una madre soltera al poder en un mundo dominado por hombres? Una huelga. En 1975 las mujeres de Islandia no fueron a trabajar en señal de protesta, provocando que nada en el país funcionara y dejando en evidencia la importancia de su rol en la sociedad. La isla nunca más fue la misma y, hasta el día de hoy, son un ejemplo de país. En 1970 el Reino Unido aprobó la Ley de Igualdad Salarial, pero en 2016 las mujeres islandesas volvieron a tomar las calles y lograron que su gobierno aprobara una reforma que obliga a las empresas a demostrar que no hay pagos diferenciados por género convirtiéndose en el primer país en poner fin a la brecha salarial.

 

“El paro del 8 de marzo ha sido convocado a nivel mundial (177 países) y su objetivo es demostrar que si las mujeres paramos, se paraliza el planeta. “

 

En el Perú los ejemplos de manifestaciones que cambiaron el rumbo de la historia son varios. En 1981 las mujeres peruanas realizaron una marcha contra el hambre y la consecuencia son los comedores populares, exitosos hasta el día de hoy. En 2001, liderados por el ahora prófugo Alejandro Toledo, miles salimos a las calles para derrocar a la dictadura de turno. Yo tenía solo 14 años y recuerdo el miedo, pero sobre todo, recuerdo el poder que se sentía en las calles, el poder que tiene un pueblo para decir “basta” y generar cambios. Sin ir muy lejos, en 2014 se aprobó una ley que reducía derechos laborales a los jóvenes (hasta los 24 años), la cual fue bautizada como “Ley Pulpín”. Bueno, los “pulpines” se apoderaron de la calle y lograron que esta ley sea derogada.

Y volviendo al tema inicial: el paro del 8 de marzo. Aunque poco ha sonado en Perú, este paro ha sido convocado a nivel mundial (177 países) y su objetivo es demostrar que si las mujeres paramos, se paraliza el planeta. En España, por ejemplo, la huelga ya fue legalizada ante el Ministerio de Empleo, por lo que las mujeres pueden acatarla sin recibir ninguna sanción. Por supuesto, en un país donde 3 de cada 4 personas trabaja en la informalidad (si no trabajan, no ganan), es difícil simplemente dejarlo todo para protestar; sin embargo, cada una de nosotras debe hacer lo que pueda desde donde esté. Este 8 de marzo habla del tema con tu familia, convérsalo con tus amigos, en tu trabajo… Reflexionemos sobre lo que hemos conseguido, pero, especialmente, sobre todo lo que nos falta aún por conseguir. Como una amiga me dijo: “no quiero flores el Día de la Mujer, solo quiero que me paguen lo mismo que a ellos”.

One Response

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *