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La realidad de la práctica de yoga

La realidad de la práctica de yoga

 

Ir a una clase de yoga las primeras veces puede ser todo una experiencia, puedes ir con muchas expectativas y panoramas preestablecidos, pero probablemente se presenten situaciones inesperadas. Si has empezado recientemente o, incluso, si lo haces hace mucho tiempo, esto va a recordarte a tus primeros momentos en el mat. Si nunca lo has hecho y estás planeando empezar es normal si algo de lo que cuento a continuación te pasa.

Todos hemos pasado por el momento cuando en la posición de perro boca abajo -una de las posturas de “descanso” o “pausa”- estás incomodísimo: se te resbalan las manos hacia delante, te cuesta respirar de manera fluida y te tiemblan los brazos, (aquí es cuando la postura del niño se vuelve tu mejor aliado y cada vez que puedas parar vas a entrar a esta postura deseando recuperar energía y aliento). Hemos gozado también de sentir cada poro del cuerpo botando sudor -y tu pensabas que no ibas a sudar. Muchas personas malinterpretan el concepto del yoga…, que sea relajante no significa que vas a sentarte a no hacer nada. Pero tu sola te vas a dar cuenta de lo equivocada que estabas cuando tu mat y cuerpo entero estén empapados en sudor y sintiendo dolor en músculos que no conocías.

Cómo mencioné en un artículo anterior es fundamental escuchar lo que dice el profesor porque es probable que dé variaciones para distintos niveles de práctica. Empieza desde la variación más fácil y escala sólo si dominas la anterior: no te lances a hacer la más difícil si la básica no te sale, been there – done that. Siempre es bueno intentar una postura retadora cuando sientas que estás listo; todos hemos intentado hacer posturas de balance de brazos que resultan en caídas, y mirar a tu costado asegurándote que nadie te vio es parte del modus operandi antes de regresar a la postura de niño. También es importante que cuando logres el asana que tanto querías controles tus ganas saltar de la emoción, enfocándote en mantener la calma interna y una respiración fluida.

Está también el glorioso savassana, donde deberías de mantenerte en un estado de consciencia y relajación profunda, pero de pronto te das cuenta que empezaste a roncar y estás entrando a un sueño: las primeras veces es normal que esto pase, intenta poco a poco ir controlándolo y mantenerte lo más presente posible.

Estos momentos harán que te enamores de la práctica. Cada experiencia va marcar algo dentro de ti, te hará crecer y agradecer por tener la oportunidad de conocerte un poco más. Ríete si algo no sale como esperabas y vuelve a intentarlo; no te dejes llevar por el ego. Acuérdate que todos los que están en esa sala de yoga han estado en tu lugar y han pasado por lo mismo. Disfruta del proceso y cada segundo de este.

 

 

 

 

 

 

 

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