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La moda como expresión feminista

La moda como expresión feminista
©Camille Defago para Vitamina M

Lo vimos con Alessandra Denegri, cuando decidió utilizar una prenda de Sophia Lerner, con el mensaje: “nos están matando” para denunciar los feminicidios en el Perú. Lo vimos en la alfombra roja de los Premios Óscar este año cuando los invitados decidieron asistir de negro, con el pin de Time’s Up, para denunciar el acoso sexual, la desigualdad salarial, y la falta de oportunidades para las mujeres. Lo vimos en enero del 2017 y del 2018, en las multitudinarias Women’s March, cuando las calles se llenaron de gorros rosas, pussyhat, para protestar, representando también a aquellas personas que no podían asistir a la marcha. En estas, y otras ocasiones, la moda ha servido como herramienta para mandar un mensaje. Con esto en mente, decidimos indagar sobre más ejemplos como estos a lo largo de la historia…

 

Los colores de las Suffragettes

En febrero de este año se cumplieron cien años desde que el Parlamento Británico otorgó a las mujeres el derecho al voto. Las mujeres que lucharon por el sufragio femenino fueron -y aún son- asociadas a tres colores: morado, blanco y verde. Estos colores fueron introducidos en 1908, por la editora de Votes for Women, Emmeline Pethick-Lawrence, y representaban dignidad (morado), pureza (blanco), y esperanza (verde). Ella y otras activistas fomentaban que las mujeres utilicen vestidos blancos con bandas tricolores para demostrar su apoyo a este movimiento.

 

Pantalones

 Alrededor de 1850, Amelia Bloomer, defensora de los derechos de la mujer y editora de The Lily[1], cansada de montar bicicleta con incómodos vestidos, decidió cambiarlos por pantalones. Su decisión causó desconcierto entre hombres y algunas mujeres, ya que la prenda era considerada parte del armario masculino. Los pantalones, conocidos como “bloomers”- ajustados en la cintura y los tobillos- fueron un símbolo de emancipación, ya que permitían a la mujer tener mayor movilidad y desafiaban las nociones de feminidad. Mujeres como George Sand (Amantine Aurore Lucile Dupin, baronesa de Dudevant) y Amelia Bloomer comenzaron a vestirse con ropa “masculina” para “lograr tener el mismo estatus que un hombre.”

En 1920, actrices como Marlene Dietrich y Katharine Hepburn, empezaron a utilizar pantalones sin repercusiones, pero lamentablemente no era el caso para todas las mujeres. En 1964, André Courrèges, presentó a mujeres en pantalones piratas y fue en 1966, con la creación del primer smoking de Yves Saint Laurent, que la prenda vista antes como masculina se convierte en un símbolo de liberación. Si bien, hoy en día, los pantalones son una prenda común en el vestuario de una mujer occidental y ya no existen sanciones por utilizarlos, en Francia, la ley que impedía el uso de estos por mujeres, fue recién abrogada en el 2013. 

 

Suit

Coco Chanel desafió la moda femenina, y uno de los ejemplos más claros de ello fue a través de la creación del traje para mujeres. Gabrielle modificó los trajes masculinos, pensando mucho más en la comodidad de las mujeres que en la exposición del cuerpo femenino. Fue confeccionado de telas suaves y flexibles, buscando un look sofisticado y muy pulido con botones metálicos y mangas al cuerpo. Se consideró la primera prenda femenina que ayudó a la mujer a aspirar a formar parte de -y entrar- al mundo laboral masculino. Años después su equivalente fue el power suit, puesto que era un atuendo que evocaba mayor respeto hacia la mujer profesional. Uno de los ejemplos más claros fue Hillary Clinton, durante su campaña presidencial.

  

Minifalda

El creador André Courrèges afirmaba que él inventó la minifalta y que la diseñadora Mary Quant la comercializó. Lo cierto es que las primeras minifaldas existieron desde mucho antes de lo que podríamos imaginarnos. Diferentes culturas (como la Egipcia o la China[2]) tienen fuentes donde se ven mujeres usando prendas que podrían ser consideradas como minifaldas. Sin embargo el prefijo “mini” y la carga social de las minifaldas no aparecieron hasta los años sesenta. La minifalda llegó en el momento de la liberación sexual, como una forma de rebeldía, en un momento en el cual las mujeres querían reclamar derecho sobre su cuerpo. La “primera minifalda” apareció en las pasarelas parisinas en 1964, y Courrèges la presentó en su colección primavera/verano el año 1965; fueron popularizadas por Vogue, y mujeres influyentes como Twiggy y Brigitte Bardot.

 

¿Qué otras prendas consideras que han sido el primer paso para promover ideas vanguardistas?

 


[1] Periódico dedicado a las mujeres, donde ellas expresaban sus reivindicaciones.

[2] Mujeres de la cultura Duan Qun Miao

3 https://www.nytimes.com/1992/09/15/opinion/l-when-women-began-to-wear-the-pants-849692.html

 

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