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Hablemos de la positividad tóxica

Hablemos de la positividad tóxica

Alejandra Gonzales Daly

A lo largo del tiempo, la positividad se ha relacionado con niveles más bajos de estrés, un sistema inmunológico más fuerte, una mayor sensación de bienestar y hasta una vida más larga. En definitiva, cultivar sentimientos positivos nos ayuda a construir hábitos mentales saludables. Pero, ¿qué pasa cuando llevamos la positividad a un extremo?

Como todo en la vida, el exceso de positividad puede llegar a ser negativo o algo incluso peor: tóxico. La positividad tóxica es la sobre generalización excesiva e ineficaz de un estado feliz y optimista en todas las situaciones. Como menciono arriba, es fantástico encontrarle el lado positivo a la vida, pero también es importante reconocer y escuchar nuestras emociones cuando no son tan agradables.

Un lugar donde es común ver una “sobredosis” de positividad son las redes sociales. Todos hemos sido testigos de cómo han incrementado las cuentas de Instagram dedicadas a la salud mental y a la positividad en los últimos años.

Ahora hay cuentas llenas de mensajes de motivación y consejos simples y rápidos para lidiar con esos “bajones” del día día. Sin embargo, detrás de muchas de estas cuentas, puede estar surgiendo silenciosamente el lado oscuro de la positividad y su “intachable” reputación.

¿Y las emociones negativas?

Fotografía: Anthony Tran para Unsplash.

La positividad tóxica refuerza la idea de enfocarnos únicamente en lo positivo y rechazar o descartar las emociones negativas. Es decir, no deja lugar para la tristeza, la preocupación, la ansiedad y otras emociones difíciles que son absolutamente válidas y necesarias.

Las emociones negativas son parte importante de la experiencia humana y de nuestro crecimiento como personas, por lo que la positividad se vuelve tóxica cuando se usa para encubrir un sentimiento humano completamente real y auténtico.

El gran problema de esta nueva “cultura positiva” es que puede llevarnos a reprimir o negar nuestras emociones no tan bonitas, lo que solo genera que se vuelvan cada vez más grandes al no permitirles estar presentes, hablar de ellas o procesarlas. Cuando se trata de sentir una emoción negativa, solemos resistirnos porque nos da miedo sentir.

Un buen ejemplo que leí hace mucho tiempo es que resistirse a una emoción es como intentar hundir una pelota inflable en la piscina. Si los seres humanos ya estamos predispuestos a evadir nuestras emociones negativas, la cultura de la positividad tóxica -que crece como la espuma en redes sociales- solo refuerza esta forma de actuar.

“Ignorar y reprimir lo que sentimos solo porque es negativo, definitivamente no es la salida más inteligente”.

La psicóloga clínica Allison Niebes-Davis afirma que existen una gran cantidad de emociones y que las personas más sanas son quienes son capaces de experimentarlas todas. “Parte de la razón por la que la amistad y la conexión se sienten tan bien es porque conocemos la soledad. La confianza y el alivio se sienten reconfortantes porque te has sentido preocupado y asustado antes. Y la felicidad se experimenta mejor cuando sabes lo que es estar triste. Necesitamos sentir todas nuestras emociones para vivir una vida sana y significativa”, explica.

Ella recalca que, al evitar las emociones difíciles, estamos perdiendo información valiosa: “Cuando tienes miedo, tus emociones te dicen que estés más alerta a tu entorno. Las emociones son información por sí mismas”.

Por lo tanto, podríamos decir que nuestras emociones nos están hablando y enseñando cosas valiosas todo el tiempo. Gracias a ellas desarrollamos habilidades para la vida como la protección, la resiliencia, la empatía y muchas otros valores importantes que nos permiten crecer como personas. Ignorar y reprimir lo que sentimos solo porque es negativo, definitivamente no es la salida más inteligente.

Es hora de validar nuestras emociones

Allison también reflexiona acerca de la manera en la que la positividad tóxica despoja a las personas de la validación que se merecen y las hace sentir culpables por no ver siempre “ese lado positivo de las cosas”. Esto hace que las personas comiencen a dudar de sí mismas, en el momento en que más necesitan de la autoconfianza.

“Es importante entender que cuando otras personas nos dan palabras de aliento como: “todo estará bien”, “las cosas pasan por algo” o “es cuestión de ponerle ánimo” son consejos bien intencionados. Nadie quiere hacernos sentir peor. El tema es que crecimos pensando que necesitamos siempre usar palabras alentadoras para ayudar a alguien cuando, a veces, todo lo que necesitan es ser escuchados”, recalca.

“Lo más importante para cuidar activamente tu salud mental es tener las herramientas para hacerte cargo de ella”.

Hace unos meses, conversando con una amiga, hablábamos de todas estas cuentas de salud mental que han surgido en las redes sociales y nos preguntábamos si realmente cumplían su objetivo de informar y ayudar. Ciertamente, no podemos generalizar y aunque hay muchas que cumplen con su propósito, también hay otras cuentas que caen en la positividad toxica.

Finalmente, llegamos a la conclusión de que el mejor rol que pueden tomar las redes sociales es concientizar sobre tres cosas básicas:

  1. Reconocer la importancia de la salud mental.
  2. Aprender a pedir ayuda.
  3. Normalizar ir a terapia con un profesional.

No importa cuántas cuentas de Instagram sigas ni cuentos mensajes alentadores leas, lo más importante para cuidar activamente tu salud mental es tener las herramientas para hacerte cargo de ella.

Por lo tanto, más allá de las frases de motivación y las típicas validaciones de “está bien no estar bien” el verdadero cambio radica en reconocer, pedir ayudar y empezar a transitar ese camino de autocuidado, respeto y plenitud que nuestra salud mental se merece.

“Todo lo que vale la pena en la vida se gana superando la experiencia negativa asociada. Cualquier intento de escapar de lo negativo, evitarlo o anularlo o silenciarlo, solo fracasa. Evitar el sufrimiento es una forma de sufrimiento. Evitar la lucha es una lucha. La negación del fracaso es un fracaso. Ocultar lo que es vergonzoso es en sí mismo una forma de vergüenza”. -Mark Manson del libro “The Subtle Art of Not Giving a F*ck”.

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