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Gilear en tiempos machistas

Gilear en tiempos machistas

 

Un amigo muy poco feminista me dijo el otro día: “Ahora tenemos que tener cuidado con todo lo que hacemos y decimos”. Sí, amigo. ¡Bienvenido al mundo en que las mujeres hemos vivido siempre! Cuidando lo que hacemos, pensamos y decimos y donde somos juzgadas de todas formas. El mundo está cambiando y las formas de socialización que considerábamos normales se han empezado a cuestionar.

 

Las maravillas de la tecnología

La modernidad ha revolucionado la manera de encontrar pareja. Antes, si te gustaba un chico o una chica tenías que llamarlo por teléfono… ¡¡¡A su casa!!! Rezar para que te contestara la persona a la que llamabas, sabiendo que lo más probable es que no fuera así. Sacar a bailar a alguien en una fiesta era toda una aventura. Si te presentaban a alguien tenías que preguntarle todo lo que quisieras saber de él/ ella porque no había Facebook que te ayude. Hoy te bajas un app, miras unas fotos, aprietas un corazón y ¡bum…! empieza la aventura. Dicho sea de paso, el año pasado estuve en una boda de una pareja que se conoció por Tinder.

Los límites cada vez más difusos

Con todo lo positivo que traen estos tiempos, encontramos también problemas. Muchas mujeres han empezado a denunciar acoso y, frente a eso, varios hombres han cuestionado sus denuncias, aduciendo que gilear no es lo mismo que acosar. Efectivamente, el límite puede ser difuso para muchos, porque hemos vivido acostumbrados a que el hombre insista y esto sea visto no solo como normal, sino hasta como romántico. Para muestra: cualquier comedia romántica en Netflix, en la cual la chica inicialmente no quiere nada con el chico, pero este la sigue, persigue y consigue cambiar su opinión sobre él. Lamentablemente, la vida no es una comedia romántica y, la mayoría de veces, la insistencia se convierte en acoso. ¿Está bien escribirle a una chica o invitarla a salir? Sí. ¿Está bien hacerlo cinco veces cuando las cuatro anteriores te dijo que no? Probablemente no. A las mujeres nos han acostumbrado a ser amables aun cuando no lo queremos, es por eso por lo que ante a la insistencia nuestro “no” viene acompañado de una sonrisa o una excusa. Pero amigo, date cuenta, no es tan difícil…

Límites menos difusos

Hay situaciones que hoy me parecen incorrectas a todas luces, pero que otros siguen cuestionando. Cuando entré a la universidad, el profesor de Argumentación me empezó a gilear. Yo, con 17 años y llena de expectativas de lo que sería la vida universitaria, no entendí lo que pasaba. ¿Era solo un profesor muy amable? ¿No está siendo demasiado amistoso al acercarse a mí en el patio? ¿Está bien que cuando me encuentre sola en la cafetería se siente conmigo a preguntarme qué música oía? Yo no quería hablar con él, ni decirle qué música estaba oyendo. Empecé a esconderme en los pasadizos y al final del ciclo dejé de ir a su clase: me sentía realmente mal. Hasta que finalmente me invitó a salir y le dije que no. Sabía que era incorrecto, pero me tomó años darme cuenta qué tan grave era el asunto: no me estaba acosando un chico con el que podía ser cortante y sacármelo de encima. Era un profesor, que para mí representaba la autoridad, al que al inicio quería caerle bien, de quien dependía mi nota y quien era, al menos, 10 años mayor que yo. Esta semana lo publiqué en Facebook con nombre y apellido, y después de ver a varias chicas decir que pasaron por lo mismo, aparecieron hombres diciendo que no le veían nada de malo al asunto.

 

Hacer pública esta historia me abrió los ojos y me mostró hasta que punto hemos normalizado este tipo de actos. El machismo está metido en todos nosotros al punto que casos de evidente acoso nos parecen normales. No es de sorprendernos que situaciones menos obvias (¿si la invito a salir varias veces?) nos generen dudas. Creo que lo más importante que aprendí en estos días es que las mujeres debemos aprender a ser tajantes con nuestra respuesta y perder el miedo a lo que piensen o digan de nosotras. Si no quieres salir con ese chico, díselo. Si te incomoda lo que te dice o escribe, díselo. Si ya no quieres que mantenga contacto contigo, díselo. No es nuestra culpa ser acosadas, jamás lo será, pero ante una sociedad que le enseña a hombres y mujeres que nuestro “no” es un “tal vez”, tenemos que lograr se entienda que ese “no” es “no”.

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