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Estás envejeciendo y no deberías tener miedo

Estás envejeciendo y no deberías tener miedo

Alana Avendaño
Estás envejeciendo

¿Vale la pena resistirnos a la realidad? ¿Vale la pena oponernos al hecho de que estamos envejeciendo? Yo creo que sí y que no.

Todos los días me miro al espejo para ver, a mis 37 años, que estoy envejeciendo. Veo mis ojos más cansados y no ayuda que genéticamente todas las mujeres de mi familia paterna tengan los ojos encapotados y yo “me saque la lotería” con ese gen. Y, con la maternidad y las malas noches, también veo cada unas patitas de gallo disimuladamente asomándose en mi rostro.

Y no soy la única. Te cuento que aunque tú, querida lectora, que quizás tengas alrededor de 25 años, también estás envejeciendo. Tú también llegarás a mis aún jóvenes 37 años y, además de pensar “¿qué demonios estoy haciendo con mi vida que no es la que imaginé?”, también pensarás “me estoy volviendo vieja”, o peor aún, “me estoy pareciendo a mi mamá” (o en mi caso, a mi abuela).

¡Y está bien! No me estoy lamentando ni estoy buscando que te lamentes. Estoy hablando de una verdad absoluta: todas vamos a envejecer. ¡Y hay que estar agradecidas por envejecer! Si no estuviéramos envejeciendo, quizás estaríamos muertas.

El paso del tiempo

Estoy feliz con lo que estas patitas de gallo y canas han traído y seguirán trayendo a mi vida, ¡significa que he vivido! Estoy contenta con la sabiduría que siento en mí, que me hace decir what the hell mucho más que antes. Siento una cómoda sensación con quién soy (con mis fallas y virtudes). Hoy siento que tengo una mayor apreciación por mis capacidades y, aunque encuentre fastidiosas varias cosas de mi físico, ya no sufro como antes.

Creo firmemente en que todas deberíamos ser nuestra mejor versión. Puede sonar como un terrible cliché, pero si solo tenemos esta vida hay que sacarle el provecho. Debemos tratar de estar contentas con nuestra imagen en el espejo y con nuestro yo interior.

Para nuestra imagen exterior existen muchísimos tratamientos, invasivos o no invasivos, con los que podemos desacelerar y revertir algunos años en el calendario. Pero, todavía más importante, es sentirnos jóvenes por dentro y no sentirnos limitadas por nuestra edad.

“Más allá de cómo te vistes, cómo actúas o de qué edad pareces: ¿qué estás haciendo por tu belleza interior? ¿Eres quién imaginabas que serías?”.

Algo que para mí solía ser muy desagradable era ver a una persona comportarse de una forma diferente a la su edad, pero hoy pienso: ¿quién soy yo para decirles qué pueden o no hacer? Por favor, ¡haz lo que te genere felicidad con tal que no dañes a nadie, ni a ti misma!

Y cuestiónate, más allá de cómo te vistes, cómo actúas o de qué edad pareces: ¿qué estás haciendo por tu belleza interior? ¿Eres quién imaginabas que serías? Esto es aún más importante porque la belleza interior se nota. Se refleja en nuestra sonrisa, en nuestra mirada y por ende en nuestra actitud. Eso es la belleza interior: la buena vibra de la que tanto se habla en la actualidad.

Finalmente, ámate. Si aún no lo haces, empieza hoy. Trata de sacarle el mejor provecho a quién eres y a tu vida, porque los años pasan y no hay peor arrepentimiento que el que se siente por las cosas que no se hicieron. Créeme: tu preocupación en varios años no van a ser las patas de gallo ni las canas que no pudiste cubrir con tinte.

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