Estás leyendo
El deporte: eterno aliado para la superación personal

El deporte: eterno aliado para la superación personal

Romina Guiulfo

En el marco del Día Internacional de La Niña que se celebra el 11 de Octubre, ponemos la mira en 3 historias de superación de Alto Perú, un proyecto que, con el apoyo de marcas como Nike, está logrando mejorar la calidad de vida de niñas en barrios en riesgo social.

Nike y Alto Perú están convencidos de que a las niñas y niños activos les va mejor en la escuela, en sus comunidades y en sus futuras carreras. Pero, lamentablemente, aún es alto el porcentaje de niñas que se quedan al margen.

Alto Perú trabaja con los recursos que ofrece la propia comunidad, y se enfoca principalmente en potenciar las capacidades de los más jóvenes utilizando el deporte, específicamente el surf y el muaythai, como vehículo de transformación personal y social.

“Nuestras metodologías de intervención buscan promover la salud tanto a nivel físico como mental. El deporte es un catalizador de cambio que cuando es usado con fines educativos, promueve valores, capacidades y habilidades fundamentales para la vida y desarrollo personal.”

La realidad de nuestro país es que la tasa de violencia hacia la mujer es alta por las complejas barreras culturales, sociales y económicas a las que se enfrenta, barreras a las cuales las niñas no son ajenas. Y a nivel deportivo la situación no mejora.

Al cumplir los 12 años es donde se abre la primera brecha de género, porque mientras que solo un 5,9% de niños deja de practicar deporte, el porcentaje de niñas que abandona es más del doble, hasta un 13%. 

Según el XI Informe Faros del Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona, esto se relaciona a que la educación física suele estar más orientada a los intereses de los niños, y a que las niñas experimentan timidez al moverse porque su cuerpo ha madurado antes que el de otros compañeros. Junto con la falta de acceso, las niñas también enfrentan desafíos adicionales como mensajes socioculturales contradictorios, espacios deportivos tradicionalmente centrados en los hombres y una falta de referentes femeninos en el ámbito deportivo.

El Día Internacional de la Niña sirve para resaltar y abordar las necesidades y desafíos que enfrentan las niñas en la actualidad, mientras promueve su empoderamiento en todo el mundo. Reimaginar el deporte para ellas es un punto focal del compromiso Made to Play de Nike, un programa que busca que niñas y niños se muevan a través del juego y el deporte para llevar una vida más saludable, feliz y exitosa.

Con esto en mente, Alto Perú y Nike están trabajando en ampliar el acceso a los muchos beneficios de la actividad física para niñas, como lo son un refugio, un espacio de descanso, pero además, las herramientas para sentirse empoderadas. Así, Alto Perú ahora reúne a un grupo de más de 17 niñas y jóvenes, entre las que hay cuatro peleadoras del equipo competitivo de muaythai que han destacado a nivel nacional: Merenly Fernández y Johaira Aldazábal, Campeonas Nacionales en el 2017; Selene Fernández segundo puesto a nivel nacional; y Tatiana Mora, dos veces Campeona Nacional.

Conversamos con algunas de las integrantes de este grupo de niñas, adolescentes y mujeres, para conocer sus historias y su relación con el deporte.

Johaira Aldazábal – 26 años

Para Johaira, quien actualmente es entrenadora en Alto Perú, el taller fue una bocanada de aire fresco. Si bien siempre fue la “hija de mamá”, dedicada a estudiar y a la casa, el repentino derrame cerebral de su abuela la obligó a modificar su rutina.

“Mi abuela siempre fue como mi mamá. Pero pasó de hacerse cargo de mí, a yo hacerme cargo de ella. Todo el apoyo económico que recibía tenía que ir para ella. Fue un momento de muchos cambios, yo me sentía muy estresada y sentía que el mundo se me venía encima. A los 22 años uno puede hacer muchas cosas, pero yo era una niña de mamá. Pasé de levantarme y encontrar el desayuno hecho, a levantarme, ir a comprar víveres, preparar el desayuno, darle de comer a mi abuela, cambiarle los pañales e irme a estudiar”.

Con días repartidos entre los estudios y su abuela, Johaira aprendió a dividirse en tres para incluir las actividades de Alto Perú en su rutina. Asegura que, más seguido de lo que quisiera, se amanecía estudiando y empalmaba con los entrenamientos, sin tiempo para dormir.

Retrato de Johaira Aldazabal, en Alto Perú.
Johaira Aldazábal, en el gimnasio de Alto Perú.

“Acá todos venimos a contar nuestros problemas, quizás no encontramos la solución en ese momento, pero al menos sacas la mente de donde estaba”, explica. “Cuando haces un deporte normalmente te preocupas solo por ti, pero cuando llegas acá la verdad es que los chicos tienen historias caóticas y este espacio se vuelve su refugio”, continúa.

La importancia del deporte está en que genera confianza en uno mismo y eso cambia la forma de ver el mundo. Cada acción te lleva a cambiar la perspectiva que tienes de tu realidad, logrando cosas que pensaste que no podrías y superando tus miedos.

“Antes de entrenar no hubiese podido estar parada hablándote. Yo era una persona muy tímida. No hubiese podido enseñar tampoco, porque era una persona insegura. El deporte da confianza en uno mismo, te enseña donde están tus límites y cómo superarlos. También me ayudó mucho a crear lazos de hermandad. Venir ya no es una obligación. Vengo y si veo a uno de los chicos deprimidos lo saco, hablo con él, lo llevo a correr, hago que se sienta bien. El centro es un refugio, es mi segunda casa, me siento bien estando acá.”

Tamara Nole – 13 años

Hace un año, a sus doce años, Tamara apareció por Alto Perú gracias a su papá, un guardia de seguridad del Morro. Él era amigo de Diego Villarán, fundador de Alto Perú, y al enterarse de una de las competencias de muaythai la llevó para que vea de qué se trataba. Ella se enamoró del deporte.

Tamara empezó surfeando y luego incorporó el muaythai a su práctica semanal. “Mi vida ha cambiado bastante, ha tomado un rumbo distinto, pero bonito. Con el deporte he expandido mis experiencias. Ahora sé surfear, me gusta el muaythai y lo disfruto”, explica.

“Con el surf aprendí a controlar mis emociones, el deporte te da seguridad y motivación. Ahora le tengo paciencia a mis compañeros y profesores, antes era impulsiva y renegona. Además, ahora tengo mejor resistencia. Antes era tímida también: cuando entré el equipo ya era bastante unido, y fue raro para mí, pero poco a poco me fui llevando mejor con todos y ahora ya me siento parte de él, somos una familia”, continúa.

Retrato de Tamara Nole, en el gimnasio de Alto Perú.
Tamara Nole en el gimnasio de Alto Perú, en Chorrillos.

Aparte de esa familia deportiva, Tamara tiene una casa donde viven ocho: su abuela, su bisabuela, sus tías, su papá, su mamá y su hermano. Disfruta del caos, aunque le gustan los momentos para ella, como cuando entra al mar. Y aunque aún no sabe nadar, Tamara ha encontrado en el surf una herramienta para manejar y aprender a lidiar con sus emociones. Su mamá guarda la esperanza de que se dedique a la actuación y al canto, pero ella tiene claro lo que quiere ser: cartógrafa y competidora de muaythai a nivel internacional.

“Hay que lucharla un poco. Uno se deja influenciar por los comentarios y a veces pensamos que es mejor no hacer las cosas, pero las críticas debemos verlas como críticas constructivas”.

Su madurez es sorprendente, podría fácilmente estar conversando con una persona de 25 años. En un mundo lleno de todo tipo de influencers, a veces es fácil olvidarse que todos podemos influir positivamente en nuestras comunidades de una u otra forma. Tamara es la viva imagen de eso.

“Al inicio mis compañeros me decían “¿por qué haces eso si eres niña?”, pero al final terminé siendo yo quien les enseñó a defenderse mejor. A mis amigas antes no les gustaba correr, ni saltar, ni nada que tenga que ver con el deporte, hasta que traje a una y le gustó. Y ella le empezó a contar a otras amigas. Todas se empezaron a levantar temprano para correr”, cuenta orgullosa.

Paula y Cielo Bravo Vega – 8 años

Las mellizas son opuestas. Mientras hablan sobre la vida escolar en pandemia una asegura que se le hace fácil la dinámica virtual y la otra confiesa, entre risas, que no se acostumbra a levantarse y que a veces se queda dormida. El curso favorito de Paula es matemáticas, el de Cielo es arte. Una admite, orgullosa, ser buena alumna. Y la otra admite, orgullosa también, que no lo es.

“A veces dejamos las tareas para más tarde y nos olvidamos. Mi hermano ve películas y nos antoja, entonces nos acostamos tarde”, asegura Cielo entre risas.

No coinciden ni cuando les pregunto por la edad de su hermano. “Tiene 17”, dice una. “No, 18”, dice la otra. “No, 17” “No, 18” “No, 17”. Debaten hasta que voltean a preguntarle a su mamá. Oscar tiene 18.

A pesar de no estar de acuerdo en muchas cosas y ser opuestas en tantas otras, las mellizas Paula y Cielo han encontrado en el muaythai en Alto Perú un punto en común. Las dos lo disfrutan, aunque cada una por sus propias razones.

“Es relajante”, dice Paula. “Me puedo defender y le puedo pegar a mi hermano”, asegura entre risas Cielo.

Las mellizas Paula y Cielo.

Viven en San Juan de Miraflores (antes vivían en Pachacamac), así que el camino a Chorrillos se les hace un poco largo. A veces van en moto, otras en carro. A veces van con su hermano, otras las llevan su mamá o su hermana, Marcela, quien empezó a vender queques para poder pagar los pasajes para ir al taller de Alto Perú.

En casa viven con su abuelo, sus tías, sus tíos, su primo menor, su mamá, su hermano, su hermana, tres gatos y un perro. “Pero ahora vamos a tener menos gatos porque una está embarazada y la vamos a regalar. Nos vamos a quedar con dos gatos”, explica Paula. “No, 1”, dice Cielo. “No, 2” “No, 1”, y antes de que el debate siga voltean de nuevo a preguntarle a Diana, su mamá, con cuántos gatos se quedan.

Su travesía con Alto Perú empezó cuando vieron a su hermano entrenar y le dijeron que querían aprender. Oscar, el mayor de los hermanos, empezó enseñándoles un poco en casa, hasta que las llevó al taller. “Nos cansamos porque no habíamos entrenado antes, pero fue divertido. Fue relajante. Hay gente nueva y estamos acompañadas. Nos hemos hecho amigas de los amigos de mi hermano”, cuentan.

Aunque en el colegio las han molestado por ser niñas y hacer muaythai, ellas no han permitido que los comentarios les afecten. Podría atreverme a decir, incluso, que esto las ha motivado a demostrar lo contrario. Paula y Cielo son desenvueltas, frescas como la brisa del viento y buenas. La bondad, cuando es real, se siente.

Diana Vega, la mamá de las mellizas, cuenta que su historia con Alto Perú empezó con su hijo mayor. Tras su separación hace 8 años vio a su hijo triste, y para ayudarlo a distraerse lo inscribió en varias actividades. Juntó un poco de dinero para poder pagar la matrícula en una academia que encontraron por su casa y fue ahí donde su hijo conoció a Victor Canto, Director de muaythai en Alto Perú, competidor profesional y antiguo capitán de la selección nacional de muaythai. Él fue quien lo invitó a participar de la escuela de Alto Perú. Luego entró Marcela, su hermana de 15 años, y después de un tiempo se unieron las mellizas.

“El deporte marcó una diferencia en lo que hubiese sido el futuro de mis hijos.”

“A veces hay niños que quieren pelear y Cielo les enseña a relajarse, les explica sobre el muaythai. La juventud ahora es movida y complicada, el deporte mantiene la mente ocupada, ofrece otro tipo de amistades con objetivos y una mayor visión de la vida. Es una realidad alternativa. San Juan de Miraflores es un poco movido…”, cuenta Diana.

De hecho, para eso nace Alto Perú, para sacar adelante a los chicos del barrio. Diego Villarán, el fundador del proyecto, vive en Chorrillos y siempre tuvo una estrecha relación con los chicos y niños de la zona. “El niño de barrio está fuera de casa, jugando en la pista. Diego estaba muy al tanto de lo que pasaba en las calles”, cuenta Victor Canto.

Los chicos le pedían que los lleve a la playa cuando lo veían bajar a correr tabla, y el carro para 4 personas empezó a movilizar a 10 chicos semanalmente, abriéndoles la puerta a una nueva realidad.

“Se les brindó un espacio donde pudieran olvidarse de los problemas que hay alrededor. Alto Perú, además de ser un barrio de pescadores, es un barrio con mucha delincuencia, donde hay mucha droga. Este era su momento de paz”.

Cielo y Paula, en el Centro de Entrenamiento de Alto Perú.

Cuando comenzaron el taller hace más de 10 años no había niñas, curiosamente eran solo niños los que se inscribían. “Los padres y la sociedad piensan que el muaythai es un deporte para hombres, entonces las niñas no se animaban a practicarlo, pero el muaythai tiene un valor agregado: empodera.”, explica Victor.

“Hay muchas niñas y chicas que tienen historias muy difíciles y el deporte las ayuda a enfrentar su realidad. Cuando  llegan a veces no tienen opinión, no hay palabra, no hay voto. Después de un tiempo eso cambia”

El deporte es una terapia gratis, es una forma de desconectarse del mundo para reconectarse con uno mismo. Alto Perú es una organización con un fin claro, darle a los niños y jóvenes una oportunidad de ver la vida con otros ojos a través del deporte.

La iniciativa se ha mantenido en pie gracias a los donativos de personas naturales y a la ayuda de empresas como Nike que junto con empleados, atletas de la marca y vecinos de la comunidad, implementaron el gimnasio de Alto Perú. Un espacio seguro de entrenamiento de calidad para la comunidad.

Si quieres conocer más sobre el proyecto o donar, haz click aquí.

Cuéntanos qué piensas (0)

Déjanos un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

2019 Vitamina M®.
Todos los derechos reservados.

Subir