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El amor en tiempos de Tinder: 6 historias de amor y desamor

El amor en tiempos de Tinder: 6 historias de amor y desamor

María Alejandra López
Tinder

Si bien mi experiencia en Tinder no fue muy emocionante ni romántica, sé que no ha sido así para todos. La app también ha unido a personas que, difícilmente, hubieran podido cruzarse en vivo y en directo. Dicho esto, aquí les comparto 5 historias de amor y desamor que nacieron gracias a esta aplicación.

Cuando descargué Tinder en 2014, tenía la intención de salir con alguien interesante: no esperaba encontrar al amor de mi vida y menos a Bradley Cooper, pero sí quería ponerle un poco de emoción a mi vida amorosa.

¿Qué encontré? Conversaciones absolutamente vacías que no iban más allá del “¿qué haces?”, gente que conocía en la vida real y a la que evidentemente no esperaba encontrarme en Tinder y una de las dates más akward de mi vida. Fui a comer salchipapas con un chico que no dejaba de hablar sobre su trabajo (creo que recitó su CV en el restaurante).

En vista de que no tengo una historia spicy que contar, conversé con 5 personas para conocer su historia de amor y desamor en Tinder. ¡Gracias a todos por abrirme su corazón a través de Facebook y WhatsApp!

Le puse match porque tenía una foto con un bonsái

Él estudio en el mismo colegio que yo, pero jamás en la vida nos cruzamos hasta que descargué Tinder el año pasado. A diferencia de la mayoría de chicos que eran aburridos, lanzados y hasta mañosos, él me mandaba canciones y eso me pareció lindo. Al poco tiempo, le dije que iba a borrar la app porque me aburría tanto arrecho. Le dejé mi Instagram y él nunca me agregó.

Luego me contó que había borrado la app antes de leer ese mensaje. Recién lo vio cuando se volvió a descargar Tinder. Ahí me agregó a Instagram y me escribió diciéndome que, si todavía estaba interesada en conversar con él, le escriba. Me pareció tan polite y lindo que obviamente le escribí y empezamos a conversar.

Ahí me enteré que era de mi cole, que conocía a mi hermano, que tenía una prima en mi promoción y a una amiga que era hermana de mi mejor amiga. Me invitó a salir días después de haber estado conversando tanto. Fuimos a Eka y luego a Tizón. Apenas lo vi me dio nervios de ver lo lindo que era. ¡Nos besamos ese mismo día!

“Es muy loco no habernos cruzado antes, pero creo que fue mucho mejor porque ahora somos estables emocionales”.

Al día siguiente me escribió un mensaje diciéndome que la pasó bien y que esperaba volver a salir conmigo. Salimos todos los siguientes fines de semana, conocimos a nuestras familias y ahora llevamos 6 meses juntos. ¡Pronto viajaremos por tercera vez!

¿Qué me gustó de él en Tinder? Le puse match porque tenía una foto con un bonsái y eso me pareció tierno. A él le gustaron mis fotos en bikini jejeje. Y, sobre todo, me encantó la forma tan educada que tenía de hablar y que siempre me prestara atención. Lo amo. Es muy loco no habernos cruzado antes, pero creo que fue mucho mejor porque ahora somos estables emocionales.

Roze Van Den Broek, 28 años, nutricionista.

Me esperaba con dos Heineken en la mesa

Ya había salido con chicos de Tinder antes así que para mí no era una novedad. Por otro lado, ya lo tenía en Facebook y lo había stalkeado. Tenía como contactos en común a buenos amigos a los que les pregunté por él y su feedback fue positivo, así que fui al encuentro “con fe”.

Aparte, tenía la idea de que solo íbamos a quedar como amigos, así que el no tener esas expectativas de encontrar una “posible pareja” hicieron que me sienta más relajada y “más yo”.

Llegué un poco tarde a nuestro primer encuentro (él es súper puntual), pero me esperó paciente. Cuando lo vi me sorprendió de forma positiva. ¡Sus fotos no le hacían justicia! Era mucho más lindo en persona: alto y de buen porte, se parecía mucho a unos de mis crush de la televisión cuando era adolescente.

“Cuando lo vi me sorprendió de forma positiva. ¡Sus fotos no le hacían justicia!”.

Nos encontramos en La Botika. Me esperaba con dos Heineken en la mesa y me tuve que empinar para saludarlo. Nos pasamos horas hablando, congeniamos muy bien. Me acompañó a mi casa y en el taxi, por impulso, me recosté en el. Me abrazó y se me escapó un “me gusta esto” y a él un “a mí también”. No hubo beso en la primera cita, pero las ganas no faltaron.

Formalizamos como a los 6 meses, pero era eso, una cuestión de formalismos, ya que realmente empezamos a actuar como una pareja a los dos meses de conocernos. ¡Y ya tenemos 5 años y medio juntos y una baby en camino!

Ruth Horruitiner, 33 años, publicista.

Ni en mis expectativas más idealistas hubiera imaginado una relación tan hermosa

Volví a estar soltero después de muchos años y me sentía súper oxidado en términos de “gileo” (además de que soy bastante introvertido y me cuesta entablar conversaciones de forma “casual” en persona). Quería conocer gente nueva y decidí usar esta app de la que ya me habían hablado varias personas, pero que no había probado porque estaba en una relación cuando se hizo popular.

La descargué, escribí con mucho cuidado mi descripción, subí algunas de mis mejores -por no decir pocas- fotos y esperé. Me gustó la interfaz de la aplicación y esa pequeña emoción de ver cómo nuevas chicas podían interesarse en mí. Me eché a la carrera en busca nuevas relaciones, aunque sin aspirar a nada serio por los propios prejuicios que tenía acerca de quienes usaban Tinder.

Después de un par de semanas de conversaciones que no iban a ningún lado y citas que no se concretaban, hice match con esta chica en todo sentido. Todo fue genial en cuanto a compatibilidad de gustos y formas de ser.

“Me gustó la interfaz de la aplicación y esa pequeña emoción de ver cómo nuevas chicas podían interesarse en mí”.

Nos pasamos nuestros números y conversamos durante unos 4 meses. La timidez y el miedo a no ser correspondidos nos impidió confesar los sentimientos que fueron surgiendo en todo ese tiempo. Cuando finalmente develamos nuestros sentimientos, no tardamos en volvernos enamorados. ¡Y aquí seguimos dos años después!

Ni en mis expectativas más idealistas hubiera imaginado una relación tan hermosa, feliz y saludable. La química, el cariño, el apoyo mutuo, la excelente comunicación y el perfecto match entre nuestras personalidades se mantienen intactos. Y puedo presumir de un sorprendente récord de cero peleas en 2 años (esto antes me hubiese parecido inconcebible). La amo demasiado. Es una dicha indescriptible ser la pareja de alguien así de especial.

Anónimo, 26 años, comunicador.

Sabía que al menos no era un asesino

Me bajé Tinder en enero de 2016. Llevaba un tiempo sola y una amiga me obligó a instalarlo. Se convirtió en un juego dar sí y no a la gente que me aparecía en la aplicación. Como jugando, empecé a conversar como con 6-7 chicos. Las conversaciones eran completamente triviales, pero digamos que era entretenido.

Nunca salí con nadie en persona hasta que hice match con Andrés. Él siempre fue directo. En la primera conversación me pidió el WhatsApp, el cual le negué. Me hablaba de nuestros amigos en común, de lo que hacía y no hacía, etc. Todo fluyó súper y conversamos por un par de semanas por la misma app.

“Ya llevamos casi 4 intensos años juntos y debo de decir: ¡gracias Tinder!”.

Yo no sabía si darle mi número de teléfono a la gente que conocía por Tinder, pero con Andrés todo fue distinto. Como dije, teníamos amigos en común y eso lo hacía más fácil. Sabía que al menos no era un asesino. Quedamos para vernos un 8 de febrero. Punto de encuentro: cafetería Sarcletti, en Chacarilla. Llegué en mi auto, lo vi parado en una esquina esperándome, di un par de vueltas para verlo y analizarlo bien, y luego estacioné.

Andrés es el hombre más carismático del mundo, eso hizo que enganchemos desde el primer minuto y que empiece nuestra historia. Un 19 de marzo del mismo año me pidió que sea su enamorada. En julio se mudó a vivir conmigo y, después de 2 años, nos casamos un 17 de agosto de 2018. Ya llevamos casi 4 intensos años juntos y debo de decir: ¡gracias Tinder! Conocí al hombre de mi vida y a la única persona que ha logrado darme la paz y equilibrio que todos necesitamos.

Andrea Vivanco, 28 años, fotógrafa. 

Desde esa experiencia no he querido volver a Tinder

Me bajé Tinder cuando una relación linda que tuve se terminó. Estaba destruida pero dispuesta a pasar la página. Un día hice match con una chica que me pareció interesante. Yo no buscaba empezar una relación, sino pasarla bien. Cuando empezamos a hablar todo fluyó: ella se ganó mi confianza y teníamos mucho en común (yo del mundo de la música y ella del mundo del teatro).

Cuando llegó el día de conocernos, no nos despegamos. Ella fue bastante insistente con que lo que teníamos no era cualquier cosa sino algo especial. Yo, vulnerable, me entregué a la idea de que me podían amar de nuevo. Pasó un mes y ella insistió en que nos mudáramos juntas. Lo logró y ahí todo empezó a cambiar. Su verdadera personalidad y sus problemas psicológicos salieron a la luz y empezaron a afectarme seriamente.

“Prefiero ir por la vida conectando con gente en vivo y en directo: conociendo a las personas de frente”.

Por fin se mostró como era: manipuladora, obsesiva, agresiva física, verbal y psicológicamente. Se hizo cargo de recortar todo vínculo importante que tenía en mi vida. Hasta me alejó de mi familia, de la cual yo era muy unida. Me hizo sentir insignificante: decía que no valía nada si no la tenía y que todo lo que hacía era porque me amaba. Llegué al extremo de querer matarme, pero felizmente me salvé (o me salvaron).

Me costó mucho salir de ahí y recuperarme. Volver a caminar sola. Volver a confiar en mí. Desde esa experiencia no he querido volver a Tinder. Le tengo pánico. Prefiero ir por la vida conectando con gente en vivo y en directo: conociendo a las personas de frente. Lección aprendida.

Anónimo, 34, cantautora.

Fue doloroso porque estaba viviendo algo maravilloso

Recién me había mudado a Lima y no conocía a mucha gente. Así que me bajé Tinder. Al poco tiempo, vi que esta chica (Dylan) me había dado match. Yo no hablaba mucho en inglés, así que nuestra primera cita hablamos casi con mimicas. Nos besamos y ella me dijo que quería que subiera a su departamento porque tenía que trabajar al día siguiente muy temprano (entraba a su trabajo, en el Callao, a las 7 de la mañana). A partir de ese día, por el lapso de tres semanas, tuvimos sexo y dormimos juntos casi todos los días.

En los siguientes días mejoré mi inglés y empezamos a comunicarnos con más fluidez. Hicimos muchas cosas juntos como ir a tomar, bailar, viajar (conocimos mi ciudad natal) y creo que de cierta forma nos llegamos a enamorar. Todo fue muy intenso porque ella se tenía que ir en un mes. Quizás saber que solo teníamos ese tiempo nos hizo vivir con más intensidad.

“A mí no me importó lo que hizo porque solo le quedaban 5 días más en Lima y no quería desperdiciarlos”.

Finalmente, todo se jodió. Llegó un chico nuevo a su trabajo, la empresa le hizo una fiesta de bienvenida y ella, regresando al departamento, durmió con él. La verdad es que fue doloroso porque estábamos viviendo algo maravilloso. Ese día yo estaba esperando que ella saliera de la fiesta para vernos como siempre, pero no pasó.

Al día siguiente, me confesó lo que pasó y ahí ocurrió algo más alucinante: a mí no me importó lo que hizo porque solo le quedaban 5 días más en Lima y no quería desperdiciarlos. Ella igual ya no era la misma porque claramente estaba avergonzada, pero bueno, solo se vive una vez. Nos despedimos en el Malecón de Miraflores y se fue.

Nicolás, 28 años, diseñador gráfico.

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