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¿Dulce placer…, o dulce venganza?

¿Dulce placer…, o dulce venganza?

 

Se estima que el 80% de alimentos industrializados tienen azúcar añadida, inclusive más de lo que el cuerpo puede tolerar. Aproximadamente las mujeres toleramos 25g de azúcar y los hombres 40g al día (injusto, pero cierto). Cuando sobrepasamos nuestros niveles de tolerancia empezamos a acumular el azúcar como grasa y esta es una de las razones por las que el consumo de azúcar es una de las principales causas de sobrepeso, obesidad y demás enfermedades metabólicas.

Hemos ido migrando del azúcar a la sucralosa (Splenda), de la panela a la estevia, de la miel de abeja a la miel de agave y así sucesivamente pasamos de un dulce a otro siempre pensando que el siguiente cumplirá ese sueño de ser “el dulce inofensivo para la salud”.

Junto a estos cambios, los llamados dulces “saludables” (helados, brownies, kekes, galletas, alfajores, etc.) se han vuelto una tendencia que genera confusión sobre si son realmente saludables, si engordan, y si su consumo debe ser restringido o no.

La verdad es que estos productos contienen edulcorantes y sí, la mayoría son naturales como la estevia, los azúcares de alcohol –que vienen a ser el xilitol, glicerol, manitol, sorbitol, entre otros. Pero ojo: que el azúcar sea natural proveniente de plantas, no lo convierte en un insumo saludable; una cosa es la planta y sus beneficios, y otra el extracto del azúcar.

Un perfecto ejemplo es la fructosa (el azúcar de la fruta), que se utiliza muchísimo en la industria de alimentos en concentraciones muy elevadas. Al metabolizarse directamente en el hígado esta es una de las más peligrosas, ya que la capacidad de este órgano para procesar azúcar es baja, por lo cual la mayor parte de este componente se acumula en forma de triglicéridos, lo que ocasiona resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. Esto no quiere decir que las frutas sean malas, la naturaleza es sabia y aporta naturalmente la cantidad de azúcar que el cuerpo puede aguantar, pero cuando el componente es utilizado como aditivo en concentraciones elevadas como en helados, galletas y demás productos “saludables” deja de ser favorable para nuestra salud. Algunos ejemplos de estos componentes son el jarabe de maíz alto en fructosa (evítenlo a toda costa) y el sirope de agave que se ha vuelto muy conocido por su bajo índice glicémico y por ser –muchas veces– orgánico.

Lo que más nos coquetea de estos dulces es la ausencia de calorías y en algunos casos el bajo índice glicémico “apto para diabéticos”. Estas dos características nos hacen pensar que su consumo es inofensivo para la salud y son la excusa perfecta para seguir comiendo dulces y alimentos procesados sin sentir culpa. Pero la realidad es que en esta vida no existe un dulce que no engorde, y se ha demostrado gracias a múltiples estudios que hay una evidente relación entre el consumo de edulcorantes y el aumento de peso. En un reporte publicado en la revista de la Asociación Médica Canadiense los investigadores revisaron 37 estudios sobre edulcorantes artificiales para evaluar si estos eran efectivos en el manejo del peso; el estudio siguió a 400 mil personas en un período de 10 años y el resultado final reveló que las personas que consumían una o más bebidas con edulcorantes al día tenían mayor riesgo de sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas.

Otro estudio multiétnico sobre ateroesclerosis elaborado por la American Diabetes Association informó que el consumo de refrescos light y zero aumentan en un 36% el riesgo de padecer síndrome metabólico y en un 67% el riesgo de padecer diabetes tipo 2. ¿Pero acaso no se supone que estas bebidas deberían imposibilitar la evolución de estas enfermedades al ser “libres de calorías y azucares”? En todo caso no deberían ser la causa principal…

Lo que pasa en el cuerpo es que los azúcares de alcohol como el xilitol y demás edulcorantes que tienen menos calorías y un menor impacto sobre la glicemia, no son completamente absorbidos, y se ha comprobado que después de su consumo la glucosa en la orina se eleva en un 90%, lo que significa que el cuerpo no lo identifica, por ende no lo puede digerir, y finalmente lo elimina en su forma completa por los riñones, generándole un enorme daño a estos. Además también elevan la insulina en sangre y cuando esta está elevada se inhibe la oxidación de grasas…, en palabras simples: impide que quememos grasa.

Cuando comes un pedazo de fruta que contiene azúcar natural, además de vitaminas y fibra, el cuerpo sabe perfectamente qué hacer y como digerirlo…, el azúcar se metaboliza y se liberan hormonas como la leptina que disminuyen el apetito. Sin embargo, cuando comemos edulcorantes el cuerpo no lo identifica como energía, y las señales del apetito son pobres, haciendo que nos saciemos por unos minutos y que luego estemos buscando nuevamente algo para comer…, probablemente otro dulce.

Además es posible que los edulcorantes alteren la forma en la que identificamos los sabores, ya que son mucho más potentes que el azúcar y provocan una sobre estimulación en los receptores de esta. Por ejemplo –y aunque no lo creas– para las personas que están acostumbradas a utilizar edulcorantes es más difícil sentir el dulce natural de la fruta, y casi no sienten el sabor de las verduras. Este es uno de los principales motivos por los que encontramos cada vez más personas a las que no les gusta tomar agua y prefieren no consumir verduras por que las asocian a comidas aburridas e insípidas.

Definitivamente los postres hechos a base de harina integral, con panela, sin lácteos, con cacao orgánico, y demás ingredientes naturales son de mejor calidad que los tradicionales, pero igual no llegan a ser 100% saludables…, estamos tergiversando el verdadero significado de esta palabra y le estamos quitando importancia a aquellos alimentos que son verdaderamente beneficiosos para la salud.

Entonces…, la solución no está en erradicar por completo los postres y dulces de nuestras vidas, pero sí es muy importante reducir la cantidad de dulces que comemos sin importar cuantas calorías tengan, y formar hábitos saludables y reales, sin engaños o tendencias momentáneas. Está demostrado que, sin importar su procedencia, el cerebro responde a todos los estímulos dulces de igual manera elevando la dopamina y serotonina, generando adicción. Por eso cuando comes un dulce el cuerpo te pide más, más y más.

 

6 Responses
    1. ¡Hola Ximena!
      La Stevia es una buena opción, pero eso no significa que la podemos usar en todo lo que comemos y tomamos. Hay que evitar endulzar los alimentos del día a día y ser conscientes que así sea un edulcorante natural u orgánico igual tienen un impacto en nuestro organismo. Dentro de todas las opciones de stevia yo te recomiendo la orgánica en forma liquida. La que viene en polvo es mucho más procesada.

  1. Que buen articulo!! Muy bien redactado y didáctico e interesante.

  2. no entiendo. que pasa si como mas ce 25 g pero es azucar de la fruta y comidas de la tierra asi

    1. Cuando comemos frutas estas vienen con fibra que nos ayuda a que el paso del azúcar a la sangre sea lento. No todas las frutas tienen la misma cantidad de azúcar, hay algunas que tienen un índice glicemico (capacidad de un alimento de elevar el azúcar en sangre) mayor que otras. No por ser naturales significa que podemos comer toda la fruta que queramos en un día, 3 porciones es más que suficiente y siempre es mejor comerla entera en vez de jugos o extractos.

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