Conflicto en Chile: ¿Por qué aún no estalla en Perú?

Conflicto en Chile: ¿Por qué aún no estalla en Perú?

La situación de lo que hoy ocurre en Chile es bastante compleja. Lejos de responder a un “simple” alza de pasajes, es el resultado de diversas medidas tomadas a lo largo de décadas, que han acumulado un descontento que finalmente estalló en las calles.

No voy a ahondar en el tema económico porque para eso están los expertos y porque creo que el problema va mucho más allá de eso. Quise entender qué ocurre en Chile y qué tendría que pasar en el Perú para que ocurra algo similar. Hablé con muchas personas, expertas y no expertas, que conocen ambas realidades y aquí están algunas de las respuestas que encontré.

La desigualdad

Lo primero de lo que se habla es la enorme desigualdad que existe en Chile. Sí, Chile es un país de grandes desigualdades: un 50% de la población tiene solo 1% de la riqueza. ¿No es acaso Perú un país desigual? Si miramos el índice Gini de distribución personal, Perú y Chile están casi en el mismo nivel (Chile ligeramente más alto), pero el mismo índice referido a la concentración de la riqueza nos dice que aquí andamos peor.

Contrario a lo que gritan algunos excongresistas, tenemos el mismo modelo económico (neoliberal) y hasta hace unas semanas muchos señalaban a Chile como el modelo que deberíamos seguir como país. Claramente la desigualdad, siendo un elemento importante, no es suficiente para explicar por qué allá sí y acá no.

Educación y civismo

Muchos concuerdan en que en ambos países nos sobran motivos para salir a las calles, pero que aquí el porcentaje de personas interesadas y dispuestas a reclamar es mucho menor. El detonante en Chile fue un alza en el pasaje, cuando aquí tenemos un transporte público no solo caro, sino de pésima calidad.

El metropolitano, donde puedes demorarte más de 30 minutos solo para entrar, costaba 1.50 y hoy cuesta 2.50. Esos son 5 soles al día para alguien que debe ir y volver (asumiendo que no debe tomar alimentadores o hacer otras conexiones). ¿Una persona que paga más de 100 soles al mes en transporte no tiene derecho a reclamar que le den un buen servicio? Hoy vemos en las calles de Santiago y de todo el país incluso escolares llevando carteles y dando declaraciones dignas de admirar.

“En las elecciones de enero de 2020 tendremos electores que no vivieron nunca una dictadura, una Marcha de los Cuatro Suyos, que nacieron en pleno crecimiento económico y que han visto su situación y la de sus familias mejorar poco a poco”.

No es que los peruanos no tengamos la capacidad de entender cuando algo es injusto, pero pocas veces nuestra capacidad de indignación nos lleva a las calles. En las elecciones de enero de 2020 tendremos electores que no vivieron nunca una dictadura, una Marcha de los Cuatro Suyos, que nacieron en pleno crecimiento económico y que han visto su situación y la de sus familias mejorar poco a poco. Tuvieron acceso a servicios básicos y hoy tienen un trabajo (que sea bien pagado ya es otra historia). Tampoco hay, como en Chile, grupos organizados y fuertemente involucrados en política que tienen la capacidad de mover grandes masas de gente.

La informalidad

Otra explicación con la que muchos concuerdan es que siendo la informalidad tan alta en el Perú (80% de la población no está en planilla), la desconexión con el estado es muy grande. Muchas zonas emergentes han emergido, valga la redundancia, a punta de esfuerzo y trabajo de ciudadanos que nunca han recibido ni esperado nada del Estado. No reciben servicios, pero tampoco pagan impuestos. El estado es un ente lejano y etéreo que, mientras no se meta directamente conmigo, mi familia o mi comunidad, ni me entero que existe. Eso nos lleva al cuarto punto, uno con el que concuerdo totalmente: la unidad nacional.

No tan lejos de Chile

En Chile nos sorprende ver a un millón de personas en la calle. Aunque haya vandalismo, saqueos y hasta muertos, la prensa resalta lo unidos que están, cómo cantan en las plazas y cómo la mayoría protesta pacíficamente. Nos olvidamos de que aquí tenemos muchísimas protestas, pero estas no están centralizadas y, usualmente, son satanizadas por la prensa.

“Aunque haya vandalismo, saqueos y hasta muertos, la prensa resalta lo unidos que están, cómo cantan en las plazas y cómo la mayoría protesta pacíficamente”.

Desde los comuneros en Cajamarca reclamando que no se contamine más el agua hasta los estudiantes de San Marcos que no quieren que invadan su universidad por un by pass. Como señala Zaraí Toledo: “Durante tiempos del “milagro peruano”, 2006-2011 aprox., el número de conflictos aumentaron un 300% según la Defensoría. Entonces sí tenemos personas reclamando, lo que no tenemos es a un millón haciéndolo por el mismo motivo”.

La válvula de presión

Finamente, tenemos en Perú algo que Chile no tuvo en los últimos años: una sensación de justicia al ver caer a decenas de corruptos (o investigados por ese delito). Los Humala estuvieron presos y hoy enfrentan un juicio, Keiko y Alberto Fujimori están presos, Villarán está presa, Toledo está preso y en pleno proceso de extradición, PPK tiene arresto domiciliario, Castañeda cuenta con impedimento de salida del país y la lista sigue…

Si bien estos fueron autoridades o grandes líderes, la lista también la integran exgobernantes regionales, jueces, alcaldes, excongresistas, etc. Tenemos altos niveles de corrupción, pero los últimos destapes y eventos, incluyendo el cierre del Congreso, nos permiten ver la luz al final del túnel, creer que estamos luchando contra la corrupción y que vendrán tiempos mejores. Sea o no cierto, esta válvula de escape permite que la gente no esté tan insatisfecha.

Si bien son muchas las similitudes que tenemos con Chile, también son varias las diferencias. Lo que habría que preguntarnos es qué tan lejos estamos y en cuánto tiempo podríamos llegar a lo que ocurre hoy allá.

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