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¿Cómo sanar después de una ruptura?

¿Cómo sanar después de una ruptura?

Kiana de Azambuja

Las rupturas nunca son fáciles, sin importar quién tomó la decisión. Al romperse un vínculo significativo se vive un duelo que conlleva desestabilización emocional. Además, aparecen miedos y dudas en muchas partes de nuestras vidas, que pueden cuestionar hasta nuestra propia identidad y cuáles son nuestros planes actuales/futuros.

Al momento de generar vínculos significativos se busca cultivar relaciones sólidas y permanentes, por lo que una ruptura es un proceso difícil en el cual se generan acciones, pensamientos y emociones intensas. La pérdida de un vínculo (ya sea un padre, un amigo o una pareja) siempre va a generar una respuesta de pánico y tristeza.

Un duelo se vive de manera distinta: depende mucho de cada individuo y el motivo de separación. En primer lugar, aceptar el dolor que conlleva una pérdida requiere aceptar la pérdida, y dejar de lado la negación y evasión. Una vez que hay aceptación, se emplean diversas estrategias de afrontamiento dirigidas a los sentimientos y emociones (dependiendo de los recursos de cada persona).

Redes de apoyo

Para pasar por este proceso son fundamentales las redes de apoyo, ya que permiten expresar sentimientos como la culpa, tristeza e ira; que pueden dirigirse hacia la persona, hacia uno mismo o hacia otros.

Es saludable tener un espacio seguro y personas a las que les puedas expresar cómo terminó la relación, el por qué terminó, y verbalizar las emociones que vienen con la ruptura. Si bien es probable que tus planes, hábitos y círculo social cambie, es fundamental tener esa red de soporte como apoyo ante los próximos eventos de tu vida.

Adiós impulsos

Por otro lado, cuando se genera una ruptura, es clave que uno aprenda a regularse, intentando dejar los impulsos de lado para ser más objetivo y racional en base a la decisión que se ha tomado. En otras palabras, se trata de ser más racional que emocional.

Esto no significa que dejes de sentir las emociones que conllevan un duelo, sino que, al momento de tomar decisiones o acciones, pienses con la razón y no en base a tus emociones. Esto te va a mantener encaminada en este proceso, y va a evitar que se den situaciones que puedan generarte angustias y retrocesos.

Con el pasar del tiempo las emociones intensas van a ir disminuyendo y, con esfuerzo, tu conciencia se va a ir ampliando para soltar todas las creencias, expectativas y dudas que tenías hacia esa persona. Esto va a generar comprensión, aceptación y gratitud; que, se podría decir, es sinónimo de libertad y superación.

El lado positivo

Un momento difícil como este nos ofrece la oportunidad de recalibrarnos y reconectarnos. Si ya has experimentado una ruptura, debes saber que ganas experiencia e insights en el proceso de separación. Al aceptar este cambio, podemos encontrar gracia en momentos de adversidad.

Sin embargo, esto no ocurre por arte de magia: es importante recurrir al mindfulness para navegar tiempos y cambios tremendos. Es importante permitirte inclinarte a la rabia, el miedo y el dolor; al igual que al proceso de sanar. Esto te va a permitir reconocer que el dolor es una parte fundamental de la vida, al igual que el placer. Al darle permiso a estas emociones fuertes, normalmente vistas como “negativas”, podrás aprender a conocerte.

“Es un proceso con subidas y bajadas donde hay que tener paciencia para auto observarnos y vivir el día a día como un aprendizaje interno”.

Si vives esto alguna vez en tu vida: es fuerte y doloroso, pero pasa y te hace crecer, madurar y aprender. Te enseña a saber qué quieres y qué no quieres, y así tener más claridad sobre lo que buscas en la vida. En vez de ver esta experiencia como una crisis, míralo como una oportunidad para tener más cerca a las personas que te suman, crear hábitos positivos, hacer cosas que antes no tenías tiempo de hacer y tener momentos para procesar esta etapa de tu vida.

Nadie dice que es fácil. Van a haber momentos de mucho dolor y angustia, pero también momentos en donde vas a sentirte más tranquila y en calma. Es un proceso con subidas y bajadas, donde hay que tener paciencia para auto observarnos y vivir el día a día como un aprendizaje interno.

Tomar esta experiencia como una forma de autodescubrimiento para emerger más fuerte, inteligente y más resiliente, es una enseñanza de lo que la vida se trata: volverte cada vez más tu. Se trata de aprender a establecer paz, conocimiento y fortaleza contigo misma.

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