AYNI: breve historia de una firma hecha en Perú

AYNI: breve historia de una firma hecha en Perú

La firma peruana Ayni abrió su primera tienda en el Jockey Plaza hace dos meses, poniendo en la mira al diseño local. Conversamos con las dos mentes creativas detrás de la firma sobre los inicios de la marca, el enfoque social de la misma y la realidad de ser empresaria en el país .

Hace un poco más de una década Adriana Cachay y Laerke Skyum crearon Ayni; un proyecto que nació con un importante propósito que han ido cumpliendo con el pasar de los años: ser una marca socialmente sostenible hecha en Perú. Las dos habían trabajado en proyectos sociales, Adriana por su lado en Perú, y Laerke en su país natal, Dinamarca.

Un viaje de Laerke al país latinoamericano, y una química instantánea entre las dos, marcó el inicio de su historia, y luego una travesía a Puno le puso nombre a la misma. Allí descubrieron gracias a una comunidad el significado de la palabra quechua “ayni”: hoy por ti, mañana por mi, concepto que envolvía la esencia del proyecto y su propósito.

Por un lado los contrastes sociales y la cruda realidad de un país (con una tasa de pobreza cercana a un 40% en ese entonces), y por otro un excepcional universo textil e impresionante trabajo manual se convirtieron en una inspiración para las dos socias. “Descubrimos entre todas las limitaciones que existían, una oportunidad: conocimos el mundo de la alpaca y las características de esta, las distintas técnicas de tejido y los beneficios naturales locales, pero notamos que todo estaba enfocado en los turistas, mas no había diseño per sé ni tampoco una industria de moda muy madura. Aparte, la importante cadena de valor que tiene Perú no es algo que se encuentre en muchos lugares del mundo, y aunque la comercialización de productos locales era algo que aún no se daba organizadamente, nos pareció una buena ocasión dar inicio a este proyecto que nos apasionaba”, aseguran las fundadoras de Ayni.

 

Fotografía, Manuel Palacios; maquillaje, Maison Beautique.

No fue hasta hace pocos años que empezamos a ver tiendas multimarca, concept stores y flagship stores en la capital, e incluso plataformas de e-commerce, comercializando productos hechos localmente. Por otro lado la exportación de marcas hechas en Perú era mínima –o inexistente- y lo que salía del país era esencialmente nuestra materia prima.

Aparte, las escuelas de moda en el país no le daban a la gestión de marca la importancia que se debe (teniendo en cuenta que este conocimiento es finalmente el que hace que una marca sobreviva en el tiempo), y creativamente existía –y existe aún hoy- una carencia de identidad local, lo cual hace que sea muy difícil identificar el “diseño peruano”. “Es un reto crear una identidad peruana logrando que cada marca mantenga un ADN, una esencia personal, y un modelo de negocio propio. Hay temas complejos de por medio que evitan el crecimiento positivo del sector; uno de ellos es definitivamente la falta de educación de gestión, administración y comercialización en las escuelas de moda”, explican.

 

“No te dan tanto crédito por ser mujer… Es difícil que te vean como figura autoritaria en lugares en los cuales las figuras de autoridad son, y han sido por muchos años, los hombres”

 

Si bien existe un problema en la educación, también existen obstáculos en la producción, y es que los artesanos prefieren continuar desarrollando productos de estética tradicional, de producción masiva, que venden a mercados turísticos, en vez de producir prendas de diseño contemporáneo, trabajadas con técnicas más complejas y un control de calidad exhaustivo, en menor cantidad.

“Hemos luchado por encontrar a artesanos apasionados interesados en desarrollar prendas para nosotras, gente interesada en conocer y trabajar diferentes técnicas y tejidos en la búsqueda de una prenda original. Felizmente hemos encontrado a personas con las que venimos trabajando hace 15 años y mantenemos una gran relación”.

 

Fotografía: Manuel Palacios

Para Adriana y Laerke la creación de una marca ha sido un largo camino de mucho aprendizaje. Empezaron esta historia cuando tenían 22 y 24 años, lo cual las ponía en desventaja no solo por ser jóvenes, pero también por ser mujeres. “No te dan tanto crédito por ser mujer –y no solo en Perú. Nos pasa con clientes, con proveedores, y hasta con artesanos… Es difícil que te vean como figura autoritaria en lugares en los cuales las figuras de autoridad son, y han sido por muchos años, los hombres”. Esto no las frenó, y al contrario, se convirtieron en un ejemplo a seguir para muchas familias de zonas vulnerables. “Tenemos mil historias que contar, conocemos a muchas mujeres de distintas regiones que han demostrado que con su independencia económica tienen la oportunidad de aportar al crecimiento de su familia. La responsabilidad ya no tiene porqué venir solo de un lado, tiene que ser de las dos partes. Esa cultura machista, prohibitiva, es ignorancia”, comentan.

Por otro lado, teniendo en cuenta el tiempo que se le dedica a un negocio propio –que involucra viajes a provincias y ferias internacionales–, la decisión de tener hijos y el manejo de los tiempos puede llegar a ser complejo, sobre todo en un país como Perú en el cual no existen suficientes plataformas de soporte y ayuda como guarderías y espacios con desayunos y almuerzos nutritivos para que los niños puedan quedarse hasta las 3 o 4 de la tarde, como en Europa por ejemplo. “Es complicado, cuando emprendes un negocio, dividir tu tiempo personal del que le dedicas a tu empresa. Este es mi life project, entonces tuve que encontrar la forma de adaptarme al tipo de vida que quiero, que involucra por un lado a mi familia y por el otro a mi negocio” explica Laerke. “Tener un hijo me trajo muchas dudas y miedos, llegué a pensar que podía afectar mi vida como emprendedora, pero nunca me he sentido más motivada y realizada que hoy. La satisfacción de salir adelante siendo un ejemplo para tu hijo es enorme –sobre todo al hablar de empoderamiento e independencia económica”, sostiene.

Un café y 45 minutos de charla me dejaron con mucho en mente… Los baches que la industria de moda local tiene, los obstáculos que como país nos ponemos, las trabas sociales y desventajas que existen, pero también, y más importante, la satisfacción que genera tener un negocio propio, promover lo hecho en Perú, potenciar nuestras técnicas ancestrales, favorecer y fortalecer a comunidades del país y finalmente demostrar que no hay nada en el camino de una mujer que le impida ser emprendedora, dueña de un negocio propio y madre al mismo tiempo.

 

 

 

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